Visitamos un Dealer Zero Motorcycles: Omega Bikes

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El sector de la posventa de la moto empieza a mirar cada vez más hacia la electrificación, no solo como una tendencia de producto, sino como un cambio en el modelo de negocio. En ese escenario aparecen empresas que deciden posicionarse antes de que el mercado sea masivo, buscando diferenciarse y ganar experiencia en un terreno que todavía muchos talleres miran con cierta distancia. Ese es el caso de Omega Bikes, concesionario y taller ubicado en Mataró que ha decidido apostar por Zero Motorcycles como eje de su estrategia en movilidad eléctrica, combinando venta, posventa y especialización técnica.

Omega Bikes es un negocio joven como concesionario, pero con una base técnica detrás. Joan Castillo, su responsable, lleva años trabajando en el sector de la reparación y el mantenimiento, y esa experiencia es la que ha marcado el planteamiento de la empresa. El proyecto nace con una idea clara, combinar la venta de motocicletas con la actividad de taller para poder controlar todo el proceso y generar una relación a largo plazo con el cliente. “La venta y el taller son una rueda, una cosa lleva a la otra”, explica Castillo.

Ese planteamiento es especialmente importante en un momento en el que el sector empieza a cambiar. La electrificación introduce nuevos retos técnicos, pero también nuevas oportunidades de negocio, tanto en la venta como en el mantenimiento y la gestión de flotas. En ese contexto es donde Omega Bikes decide apostar por Zero.

Diferenciación y posicionamiento

La incorporación de Zero Motorcycles no se plantea como una marca más dentro del concesionario, sino como una herramienta de posicionamiento en el mercado. La movilidad eléctrica, especialmente en entornos urbanos, irá ganando peso en los próximos años, y estar preparado desde el principio puede marcar la diferencia frente a otros talleres. “Dentro de las marcas eléctricas hay muy pocas que realmente cumplan en rendimiento, tiempos de carga y calidad. Si tenía que apostar por una, tenía claro que sería Zero”, razona Joan.

Además del producto, uno de los factores clave es el soporte técnico y posventa de la marca. En el vehículo eléctrico, donde el cliente todavía tiene muchas dudas, el respaldo del fabricante es fundamental para poder ofrecer servicio con garantías y afrontar reparaciones o diagnósticos con apoyo técnico. “Cuando vendes una moto no desapareces, tienes que acompañar al cliente durante años, y para eso necesitas que la marca responda”, señala.

Trabajar con una marca eléctrica también permite diferenciarse frente a otros talleres de la zona y posicionarse como especialista en un mercado que todavía está en crecimiento. “Ser de los pocos talleres de la zona que trabajan la moto eléctrica nos permite ofrecer algo que otros no pueden”, afirma.

Mayor volumen

La llegada del escúter eléctrico dentro de la gama Zero supone un cambio importante desde el punto de vista comercial, ya que entra en el segmento de mayor volumen del mercado. El escúter urbano es el vehículo más vendido en España y el que mejor encaja con las características de la movilidad eléctrica. “Hasta ahora el cliente de la moto eléctrica era muy concreto, pero con el escúter puedes llegar a mucha más gente”, explica Castillo.

Desde el punto de vista del concesionario, este tipo de producto también ayuda a dar a conocer la marca y la tecnología a nuevos usuarios que en muchos casos nunca han probado una moto eléctrica, algo clave en un mercado donde todavía existen dudas sobre autonomía, carga o mantenimiento.

Flotas y cliente particular

El mercado de la moto eléctrica ha estado muy vinculado en los últimos años a las flotas, especialmente en servicios de motosharing o reparto, pero el cliente particular también va entrando progresivamente en este mercado. “El mercado real de la moto eléctrica va subiendo poco a poco, sobre todo en urbano. No crecerá de golpe, pero cada año habrá más”, explica Castillo. Para un concesionario, el negocio de las flotas puede ser especialmente interesante, ya que combina la venta de vehículos con contratos de mantenimiento y servicio, lo que permite generar volumen de trabajo en el taller y estabilidad en la posventa.

Un nuevo modelo de taller

La electrificación también obliga a replantear el modelo de negocio del taller. La moto eléctrica tiene menos mantenimiento que una moto de combustión, pero exige más formación técnica y más capacidad de diagnóstico electrónico. “El mantenimiento es menor, pero necesitas formación y diagnóstico. El taller del futuro tendrá que estar preparado para eso”, reconoce nuestro protagonista.

En este escenario, la mano de obra especializada, la diagnosis y la formación pasan a ser el principal valor del taller, por encima del margen en recambios, lo que obliga a muchos negocios a replantear su estructura y su modelo de trabajo.

Estrategia a medio plazo

La estrategia de Omega Bikes pasa por consolidarse como punto de referencia en movilidad eléctrica en la zona del Maresme, crecer de la mano de Zero y desarrollar negocio tanto con cliente particular como con flotas. El objetivo no es crecer rápidamente en número de tiendas, sino consolidar la estructura actual y ampliar servicios. “Ahora lo importante es hacer crecer el proyecto poco a poco y posicionarnos bien en la zona”, concluye Castillo.

Jornada de pruebas

Omega Bikes organizó recientemente una jornada de pruebas centrada en el Zero LS1 con el objetivo de acercar la movilidad eléctrica a usuarios que en muchos casos nunca habían probado una moto eléctrica. La iniciativa permitió que los clientes potenciales pudieran probar el vehículo en condiciones reales y resolver dudas sobre su uso diario.

Uno de los aspectos que más sorprendió a los usuarios fue la aceleración, especialmente entre aquellos que comparaban el LS1 con un escúter equivalente a 125 cc. “La gente se sorprende mucho con la aceleración, porque el par motor está disponible desde el primer momento”, explica Joan Castillo.

Las principales dudas siguen estando relacionadas con la autonomía y los tiempos de carga, aunque el sistema de baterías extraíbles y la posibilidad de disponer de baterías adicionales permiten adaptar el uso del vehículo a diferentes necesidades. El coste de una batería adicional se sitúa en torno a los 1.200 euros, una inversión que puede amortizarse en función del uso diario del vehículo.

Según explica Castillo, este tipo de pruebas son clave para romper prejuicios sobre la movilidad eléctrica, ya que muchos usuarios cambian su percepción después de probar el vehículo. “Cuando la gente lo prueba, cambia la forma de verlo”, señala.

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