Con unas expectativas que apuntaban hacia una moto divertida, con prestaciones medias y alto nivel de polivalencia, subimos a la GSX250R ansiosos por probar sus cualidades sobre el asfalto. La primera impresión es buena, la posición es adecuada y se asemeja bastante a la de una r de gran cilindrada (salvando las distancias) en lugar de a una touring, como ocurre en bastantes «pseudoerres» que han llegado recientemente al mercado.
Giramos la llave y un discreto ronroneo nos confirma que el motor ya está girando. Engranamos primera y salimos a circular. La palanca ofrece un tacto suave como el resto de palancas presentes en la moto, incluidas freno y embrague. Atentos absolutamente a todo lo que la pequeña GSX quiera contarnos, su comportamiento en los primeros metros, circulando con calma, es el propio de una moto cómoda y polivalente, apta para uso diario en ciudad o carretera interurbana, así que satisfechos con esa parte, decidimos pedirle más para ver hasta donde llega la R que lleva en su nombre, y el primer chasco llegó con un motor de mucho ruido y pocas nueces, con una aceleración que aunque suba mucho de vueltas y estire las marchas, tiene una curva de potencia muy lineal que la penaliza en la salida de curva y no tiene suficiente freno motor a la entrada de éstas.
Las suspensiones pecan de blandas cuando empezamos a movernos sobre ella y queremos atacar las curvas con decisión. La mejor nota se la llevan unas manetas muy bien colocadas y que, como decíamos, ofrecen muy buen tacto, junto a un asiento confrotable para el tipo de moto que estamos tratando y un sistema de frenos que no nos dejará indiferente, logrando detenernos con una facilidad asombrosa ante cualquier imprevisto y dotados de ABS para mayor seguridad. Sin duda es una moto más para el día a día que para correr en curvas pero… ¡Te enganchará!


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