Menos despacho y más alquitrán. laEdito MotoTaller nº350

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El papel lo aguanta todo; el neumático, no. El Boletín Oficial del Estado ha vuelto a agitar el avispero del sector de las dos ruedas con la publicación del Real Decreto 518/2026, que reforma el Reglamento General de Circulación. Con el 1 de octubre de 2026 marcado en rojo en el calendario para su entrada en vigor, esta renovación normativa nos deja la ya clásica de cal y arena: un puñado de medidas cargadas de lógica protectora, un rompecabezas territorial que roza el absurdo y, sobre todo, una indignante doble vara de medir que, como casi siempre, es firme con el ciudadano y laxa con la propia Administración. Lo público sigue empeñado en exigir al motorista una precisión milimétrica mientras mira hacia otro lado ante la evidente dejadez en las carreteras.

Vayamos por partes. En el plano de la protección personal, la reforma impone cambios que apelan al sentido común (el menos común de los sentidos, como decía el poeta), afectando tanto a piloto como a pasajero. A partir de otoño, se acabó el postureo veraniego: será obligatorio el uso de calzado cerrado que cubra por completo el pie en cualquier tipo de vía, desterrando de facto las chanclas y las sandalias. Además, los guantes pasan a ser imperativos en vías interurbanas. ¿Y el casco jet? Que no cunda el pánico; la norma no lo manda a la hoguera ni obliga a usar integrales. El único requisito legal es cumplir la homologación UNECE R22. Eso sí, lo que los moteros sabemos por haberlo vivido en carne propia y no necesitamos que nadie nos lo indique ni nos multe por ello, es que hay que mantener el criterio de la prudencia más elemental: la ley te permite el jet, pero la sensatez a altas velocidades exige un casco integral o modular (cerrado, claro). Cabeza fría y barbilla protegida.

«Nunca nadie alcanzó la grandeza jugando a lo seguro”. Valentino Rossi

La gran decepción llega, sin embargo, con la esperada circulación por el arcén en condiciones de congestión. Lo que parecía una alfombra roja se ha quedado en un pasadizo estrecho y condicionado: solo se podrá usar el arcén derecho si los carriles están detenidos, a un máximo de 30 km/h, en fila de a uno y únicamente en los tramos expresamente señalizados tras el acuerdo entre el titular de la vía y la autoridad de tráfico. Para colmo de males, el Servei Català de Trànsit ya ha anunciado que en Catalunya esta opción no se habilitará. El resultado es un mapa parcheado. Aunque la fragmentación esté amparada por el juego de las competencias autonómicas, resulta frustrante comprobar cómo una solución técnica pensada para mitigar el riesgo de alcances traseros (que duelen y mucho, lo decimos por experiencia propia) acaba dependiendo del código postal. Más de lo mismo.

Este afán por regular al milímetro el comportamiento del motorista activa nuestras alertas. No olvidemos que el borrador de reforma de 2021 ya intentó colarnos la obligatoriedad del chaleco airbag. Aquello se frenó gracias a la presión y al diálogo de las entidades del colectivo, demostrando que cuando la Administración escucha al sector se evitan normas muy bien intencionadas, desde luego (la eficacia del airbag para motorista para mitigar los efectos de un accidente es indiscutible), pero desproporcionadas y que ignoran la realidad socioeconómica del usuario.

Pero lo que enciende los ánimos es la unidireccionalidad de la exigencia. El celo del legislador para vigilar nuestros comportamientos al manillar contrasta con su amnesia presupuestaria en la red viaria, cuya titularidad se reparten Estado, autonomías y entes locales. Los datos técnicos de 2025 de la Asociación Española de la Carretera son un bofetón de realidad: un déficit acumulado de más de 13.000 millones de euros en conservación, con más de la mitad de los firmes en estado grave o muy grave. El motorista es el eslabón más vulnerable; para nosotros, un bache profundo o una rodera no son meras incomodidades, son factores de riesgo crítico que comprometen la estabilidad. La prevención es un camino de doble sentido. Una infraestructura correctamente mantenida es una condición de seguridad vial esencial. Antes de ahogar al motorista a base de decretos, hay que cumplir con la responsabilidad y mantener las carreteras seguras y en buen estado por el bien de todos.

¡Gas, V’s y feliz verano!

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