Zero amplía su ofensiva eléctrica con el LS1, su primer escúter equivalente a un 125. Lo hemos probado para comprobar si la marca ha sabido trasladar su experiencia en motocicletas eléctricas a un modelo urbano que prioriza el equilibrio, la calidad de funcionamiento y la facilidad de uso.
Hay movimientos que, vistos con perspectiva, parecen inevitables. Después de consolidarse como uno de los fabricantes de referencia en motocicletas eléctricas de altas prestaciones, resultaba lógico que Zero Motorcycles dirigiera su mirada hacia el segmento urbano. No solo porque este concentra buena parte del mercado europeo, sino porque representa la mejor puerta de entrada para nuevos clientes. El LS1 nace precisamente con ese objetivo. Más que un modelo adicional, constituye una pieza clave en la estrategia de crecimiento de la firma estadounidense, que busca ampliar su base de usuarios sin renunciar al ADN tecnológico que siempre ha caracterizado a la marca. Tras una jornada completa a sus mandos también entendimos que Zero no ha querido fabricar el escúter eléctrico más potente ni el más llamativo. Ha preferido desarrollar uno de los mejores para utilizar cada día.

Con personalidad propia
Aunque el diseño no busca romper con todo lo conocido ni recurrir a soluciones excesivamente futuristas, el LS1 transmite desde el primer vistazo una imagen moderna, equilibrada y bien proporcionada. Zero ha preferido apostar por una estética sobria, alejada de estridencias, que probablemente envejecerá mejor que la de otros rivales con planteamientos mucho más radicales.
La calidad percibida confirma que la marca tampoco ha descuidado este apartado. Los ajustes ofrecen una buena sensación de solidez, la pantalla TFT de cinco pulgadas presenta la información de forma clara y el conjunto transmite el nivel de acabado que esperamos de un fabricante como Zero. Algunos componentes, como las piñas, evidencian el origen compartido de determinadas piezas con otros modelos fabricados en China, aunque esa circunstancia apenas altera la buena impresión general.
La disposición de las dos baterías extraíbles bajo la plataforma constituye uno de los aspectos más interesantes del conjunto y, al mismo tiempo, un arma de doble filo. Rebajar tanto el centro de gravedad beneficia claramente el comportamiento dinámico, pero también obliga a elevar ligeramente la posición de los pies. Los usuarios que superen aproximadamente el metro ochenta viajarán con las piernas algo más flexionadas de lo habitual, un pequeño peaje que queda compensado en cuanto el escúter empieza a rodar.


Todo tiene sentido
Basta recorrer unos pocos kilómetros para comprender cuál era realmente el planteamiento de Zero. El LS1 no pretende conquistar al conductor con una aceleración espectacular ni con una personalidad especialmente deportiva. Su verdadera virtud reside en que prácticamente todo funciona como esperamos.
Desde el primer metro se siente preciso, ágil y aplomado. Tres cualidades que definen muy bien el comportamiento del conjunto. Cambia de dirección con enorme facilidad, se mueve entre el tráfico con absoluta naturalidad y transmite una confianza inmediata que anima a enlazar curvas con un ritmo sorprendente para un escúter de este planteamiento. Buena parte de ese comportamiento nace precisamente de la ubicación de las baterías, capaces de disimular muy bien los 134 kilos declarados en orden de marcha.
A esa agilidad se suma una estabilidad que invita a abandonar el entorno urbano con total tranquilidad. Incluso circulando cerca de su velocidad máxima mantiene una trayectoria muy noble, demostrando que Zero no solo ha pensado en los desplazamientos por ciudad.
El conjunto termina de convencer gracias a un sistema de frenos con un tacto especialmente progresivo. Más allá de la potencia disponible, suficiente para detener el vehículo con solvencia, lo que realmente nos gustó fue la facilidad para dosificar la frenada. La presencia del ABS y del control de tracción termina de redondear un conjunto que inspira mucha confianza.


Refinamiento por encima de todo
Resulta inevitable subirnos a un vehículo firmado por Zero esperando una respuesta especialmente contundente. La marca nos tiene acostumbrados a motocicletas con unas prestaciones muy elevadas y reconocemos que durante los primeros minutos echamos de menos un punto más de carácter. Sin embargo, esa sensación desaparece conforme empezamos a entender qué buscaban realmente sus ingenieros.
Detrás de ese comportamiento encontramos un motor eléctrico de 8,4 kW, equivalentes a 11,3 CV, suficiente para alcanzar los 99 km/h y desenvolverse con absoluta normalidad tanto en ciudad como en recorridos interurbanos. Sobre el papel la cifra puede parecer discreta, pero detrás del manillar la percepción cambia por completo.
Los tres modos de conducción modifican claramente el carácter del LS1. Eco prioriza la autonomía, Standard ofrece probablemente el mejor compromiso para el uso diario y Sport fue el programa que más utilizamos durante la prueba. No ofrece una aceleración explosiva, pero sí una respuesta inmediata que permite desenvolvernos con enorme soltura entre el tráfico urbano. Las salidas desde parado, las recuperaciones y las incorporaciones se resuelven con rapidez, situándose por delante de prácticamente cualquier escúter de combustión equivalente a un 125.
Conforme acumulábamos kilómetros fuimos cambiando nuestra percepción inicial. El LS1 no pretende impresionarnos durante los primeros cinco minutos. Nos convence poco a poco gracias a un funcionamiento refinado, una respuesta perfectamente dosificable y una calidad de rodadura que termina marcando la diferencia.
Fácil convivencia
Toda esa búsqueda del equilibrio también se refleja en el sistema de baterías y recarga. Las dos baterías extraíbles de serie permiten recorrer alrededor de 115 kilómetros en ciudad, una cifra más que suficiente para cubrir la inmensa mayoría de desplazamientos cotidianos.
La posibilidad de extraer las baterías para cargarlas en casa o conectarlas directamente al escúter mediante un enchufe convencional aporta una flexibilidad que muchos usuarios agradecerán desde el primer día. Esa sencillez de uso elimina buena parte de las barreras que todavía acompañan a la movilidad eléctrica.
Quienes necesiten un radio de acción todavía mayor pueden incorporar una tercera batería opcional que eleva la autonomía urbana por encima de los 170 kilómetros. Como contrapartida desaparece el espacio bajo el asiento, suficientemente amplio en la configuración de serie para el equipaje habitual. El cargador rápido opcional, capaz de recuperar el 90% de la capacidad en menos de tres horas, completa un conjunto muy bien planteado para el uso diario.
La puerta de entrada
Después de convivir con el LS1 resulta fácil comprender por qué Zero ha iniciado su ofensiva urbana precisamente con un escúter. Ningún otro tipo de vehículo permite acercar la marca a tantos usuarios, ampliar su base de clientes y convertirse en esa puerta de entrada que hasta ahora faltaba dentro de su catálogo.
Precisamente por eso el LS1 transmite una sensación muy distinta a la que esperábamos antes de subirnos a él. No intenta deslumbrar con cifras espectaculares ni con una personalidad exageradamente deportiva. Necesitaba un escúter que convenciera por su comportamiento, su calidad de funcionamiento y la facilidad con la que se adapta al uso diario. Después de probarlo, creemos que lo ha conseguido.


ZERO LS1
- Motor: Eléctrico de 8,4 kW de potencia máxima, 2 baterías extraíbles de 1,86 kWh, ABS, Control de tracción
- Potencia máxima: 11,3 CV
- Par máximo: 51 Nm
- Autonomía: 115 km (ciudad)
- Peso: 134 kg
- PVP: 5.275 €
LO MEJOR
- Comportamiento dinámico
- Calidad percibida
- Capacidad de frenada
LO PEOR
- Ergonomía para usuarios altos
- Carácter del modo Sport
- Carga rápida opcional
EQUIPAMIENTO DEL MOTORISTA (Andreu Monteys)
- Casco Sena Impulse
- Chaqueta LS2 Riva
- Guantes Tucano Urbano GIG



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