Desde que se presentase por primera vez la MT09, el número de versiones realizadas sobre esta base es ya importante. De ella deriva también el modelo que probamos en esta ocasión. Con una estética de tipo trail asfáltica, equipa caballete central y ABS de fábrica, además de puntos de montaje para maletas laterales. La cúpula y el asiento son ajustables en altura. Incorpora también un regulador de altura de focos habilitado para accionarlo sin desmontar nada. Ni si quiera es necesario quitarse los guantes. En contra partida la estética de esta zona se ve comprometida ya que quedan demasiado expuestos y el diseño de los mismos no se integra con el resto de elementos.
Además del extenso equipamiento de fábrica, Yamaha ofrece un catálogo de accesorios que contempla nada menos que 47 entradas entre las cuales, además de las habituales como maletas, bolsas, cúpulas, asientos y soportes, podremos encontrar multitud de piezas de protección exclusvas para la gama MT09, amortiguadores Öhlins, estriberas sobredimensionadas, o un kit de bieletas para reducir la altura de la suspensión trasera en 15mm, que combinado con el asiento rebajado facilitan el contacto con el suelo a las personas de menor estatura.
LA SEGURIDAD ANTE TODO
El control de tracción no podía faltar en una moto de estas características, y en este caso es ajustable en 3 niveles. El ABS en ambos trenes va equipado de origen y la mordida se confía a unas pinzas de 4 pistones en el eje delantero que muerden dos discos flotantes de 298mm. El disco trasero es de 265mm y su pinza, de doble pistón. Ambos sistemas ofrecen un tacto progresivo y preciso, que gana contundencia cuando la maneta pasa de medio recorrido.
El embrague antirrebote también es un elemento de origen. Su función: dulcificar las diferencias de revoluciones y garantizar el contacto del neumático trasero con el suelo en las reducciones más bruscas. Cumple su cometido y aporta un plus de confianza al conductor.
Sin embargo, algo en lo que la mayoría de propietarios acabarán poniéndose de acuerdo es que la altura libre al suelo es insuficiente, provocando rascadas en los colectores de escape contra el bordillo al mínimo descuido; algo que conlleva la posibilidad de acabar en el suelo y que, aunque las consecuencias personales puedan ser mínimas, el bolsillo acabará resintiéndose de una manera u otra. El mismo contratiempo puede originarse también debido a un caballete lateral cuya palanca de accionamiento está demasiado próxima al estribo izquierdo, que queda en una ubicación propensa a enganchar la pernera del pantalón, los cordones del calzado u otros elementos del atuendo del piloto. Si el desenlace de dicha situación se produce en el suelo, quizá las consecuencias personales sean algo más importantes, al poder quedar la pierna atrapada bajo la moto.
¿QUÉ TAL SE DEJA MANEJAR?
La posición de conducción es más vertical de lo normal, y la podemos acentuar regulando la altura del asiento para ganar hasta 2cm. Esto modificando leve pero notablemente la postura de conducción y relaja fatigas en personas de gran estatura, el más que decente mullido también contribuye a la causa. La escasa anchura y un tapizado que aporta el grip correcto, el asiento permite buena movilidad y facilita las cosas haciendo que la Tracer sea todavía más manejable.
A primera vista resulta aparentemente alta, la posición del manillar recuerda más a una trail que a una naked, que es de donde proviene. Una vez en marcha nos damos cuenta de que la agilidad es la que debe tener una sport-touring, con un centro de gravedad muy bien posicionado y agradecido en el ataque y paso por curva.
En cuanto a las suspensiones, equipa horquila invertida para el tren delantero y mono-amortiguador en configuración prácticamente horizontal con brazo oscilante en un tren trasero cuyo elemento principal es un basculante asimétrico de fundición. Increíble tacto y capacidad de tracción, manteniendo una gran adaptabilidad al terreno y el tipo de conducción. Quizá en el tren delantero se echa de menos algo más de firmeza, pero hay que reconocer que si no tuviéramos esta sensación, no nos creeríamos que estamos conduciendo una Yamaha.
CORAZÓN DE PURA SANGRE
En los modos B y C se muestra perezosa en bajos, respondiendo muy bien a partir de medio régimen. La gestión electrónica actúa de forma sutil pero con efectividad y contundencia. Hay que prestar atención a los cambios de comportamiento entre los diferentes mapas, pero éstos son reales y notablemente perceptibles cuando conducimos un rato en cada modo.
Todo es equilibrado en ella hasta que cambiamos a modo A, (el más agresivo de los 3) donde se convierte en un caballo desbocado que de no ser por la electrónica, sería literalmente ingobernable, como lo era su predecesora. Buen trabajo de los ingenieros en este sentido, pudiendo abrir gas con total confianza en cualquier situación, algo que añadido al centrado de masas tan bien trabajado convierte a la Tracer en «todo un juguetito» con el que disfrutar de cualquier tipo de ruta, ya que las suspensiones realizan también un loable trabajo, adaptándose a cualquier condición bajo los ajustes de fábrica. Realmente divertida, es una de aquellas motos que todos querríamos tener en el garaje.

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