TIEMPO DE BANDOLEROS

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Creíamos, felices en nuestra candidez, que el tiempo de los bandoleros era sólo un recuerdo en los libros de historia y los museos; sin embargo hace unas semanas pudimos comprobar como la realidad es bien distinta. Y lo peor del caso no es que los salteadores vuelvan a campar a sus anchas, no, lo más triste es que ahora visten el uniforme de la autoridad.

Bajo el amparo de sus galones y con la excusa de velar por la seguridad???, los agentes del orden merodean a la caza de víctimas a las que escurrir el bolsillo, suponemos que para paliar de su penuria las famélicas arcas de los más variopintos órganos gubernamentales.

A modo de ejemplo explicaremos el caso más reciente. Durante la presentación de un nuevo modelo de marca bien conocida en tierras catalanas, la habitual sesión de fotos de los periodistas presentes terminaba con lo que se conoce por camara car, práctica que consiste en que el fotógrafo se coloca en el maletero de un coche mientras el probador circula con la moto lo más próximo posible al automóvil para así obtener unas instantáneas de gran plasticidad.

Pues bien, para la ocasión se escogió un recóndito tramo de carretera vecinal con muy poco tráfico (a lo largo de más de una hora no pasó por allí ni un alma), mientras que al final y al principio del recorrido se apostaron controles de la organización perfectamente identificados con chalecos reflectantes y dotados del walkies para vigilar el posible paso de vehículos. A esto hemos de sumarle que los fotógrafos iban sujetos con arneses de seguridad al interior de los coches y que la operación se realizó como siempre a velocidad moderada.

Ni por esas. Cuando apenas había regresado el primer periodista del recorrido, apareció una patrulla de los mossos d’esquadra que al ver la situación, paró y pidió explicaciones acerca de lo que allí se estaba haciendo. Cuando los responsables del evento y los fotógrafos aclararon las intenciones de nuestra actividad la respuesta de los agentes fue que no podíamos continuar y que iban a consultar con el departamento de tráfico porque ellos pertenecían a ¡medio ambiente!.

Hemos de aclarar que los coches que estábamos utilizando eran de matrícula inglesa, puesto que el evento era de carácter internacional y la organización iba a cargo de los representantes de la marca en el Reino Unido.

Los bandoleros, perdón, los agentes nos tuvieron retenidos mientras negociaban con sus jefes el precio del rescate y es que en honor a la verdad, la sensación en aquel momento era la de un secuestro; parados sin poder marcharnos, sin poder continuar con nuestro trabajo y sometidos a la voluntad de aquellos individuos. Al final y tras una larga espera, el veredicto fue de multa de 500 euros a los conductores de los coches – 250 si pagaban en el acto – por “ocupar y cortar la vía pública sin permiso”. Naturalmente allí acabó la sesión de fotos y mientras los periodistas pudimos marcharnos, el resto del grupo, organización y fotógrafos, tuvieron que quedarse a esperar a una patrulla de tráfico que había sido avisada para que acudiese a formalizar el atraco, ¡huy!, perdón otra vez, la sanción.

Moraleja, el afán recaudatorio de la autoridad prima por encima de cualquier otra consideración, máxime cuando huele sangre fresca; en este caso vehículos de matrícula extranjera. ¿Alguien cree que las marcas seguirán organizando eventos en nuestro país, gastando dinero en hoteles y restaurantes, si continúan sometidos a estas prácticas de bandidaje arbitrario? En momentos en los que interesa potenciar la actividad económica del país, este tipo de acciones sólo ponen de manifiesto la incompetencia de los que realmente deberían fomentar la reactivación y dejan muy claro el papel que juegan las fuerzas del… ¿orden?.

Así no señores, así no.

 

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