Es increíble cómo a veces, lo más humilde acaba siendo lo más atractivo o funcional. La Suzuki VanVan es una clara muestra de ello ya que tras más de 40 años en el mercado se resiste a abandonar el catálogo de la marca nipona. Por supuesto: durante esas 4 décadas ha sufrido algunos parones en la producción y ha cambiado de nombre, ya que inicialmente se comercializó como Suzuki RV125 Tracker. Pero aquí la tenemos, de 1972 a 2016 sin variar lo más mínimo su concepto, su estética, ni su esencia.
Diseñada inicialmente para desplazarse por arena, tierra o superficies irregulares sin sufrir problemas de tracción, la VanVan ofrecía buen comportamiento en la mayoría de terrenos, gracias a las prestaciones que brindaba la forma de sus neumáticos, elemento clave en el diseño de la moto. Pasaron los años y el bajo consumo, la sencillez de su mecánica y una fiabilidad contrastada, la fueron apartando de su cometido original y poco a poco se fue convirtiendo en una moto urbana, utilizada para desplazamientos cortos con finalidad laboral o de ocio. Su practicidad, su facilidad de manejo y el bajo coste de mantenimiento que presentaba, fueron las claves de su éxito.
Finalizada su producción a finales de los 80 y retirada del mercado poco más tarde, regresó en 2003 al catálogo de Suzuki con cierta discreción aunque tuvo ya entonces muy buena aceptación. Sin embargo, debido al giro que han dado las tendencias estéticas en estos últimos años, en los que todo lo retro o “vintage” está de moda, la pequeña VanVan está viviendo un nuevo momento de gloria gracias a haberse mantenido fiel a sus orígenes durante todo este tiempo.
¿Y eso qué tiene de importante? Os preguntaréis. Pues ni más ni menos que la incorporación a la familia VanVan, de un modelo de mayor cilindrada y cifras de prestaciones. Queríamos saber si la nueva Suzuki VanVan200 trae consigo novedades destacables y si hay justificación alguna para que su concepción inicial “off road” haya quedado relegada a segundo plano. Para ello hemos realizado una completa prueba dinámica.
LOS CAMBIOS PRINCIPALES
Las cifras de los cambios son realmente modestas. “A priori”, todo hace pensar que no notaremos diferencias respecto a su anterior versión ya que las variaciones son mínimas.
El depósito pierde un litro de capacidad, pasando de 7’5 a 6’5l. La caja de cambios también pierde una velocidad, quedándose sólo en 5 marchas. El motor aumenta su cilindrada en 75cc, trayendo consigo un aumento de 3cv de potencia y, por las reacciones que veremos más adelante, suponemos que un aumento en el par motor, aunque Suzuki no declara este parámetro en la ficha técnica. El peso total del conjunto aumenta en 11 kg y el resto de configuraciones y cotas se mantienen intactas.
ARRANCAMOS
La sensación al sentarnos es de absoluta ligereza. El asiento tan bajo (77cm) y lo estilizado de su depósito junto a la ubicación de éste, a la misma altura que el asiento, hace que sintamos cierto vacío entre las piernas y que nuestra movilidad sobre la moto sea prácticamente infinita. Un peso de 128 Kg y un manillar relativamente alto, hace que mover la VanVan en parado sea extremadamente fácil. Sorprende que la sencillez de construcción llega incluso al panel de instrumentación, formado por una esfera que nos indicará la velocidad mediante aguja, y el kilometraje total y parcial mediante ruedecillas mecánicas. Exactamente igual que la original. Tanto es así, que para reiniciar el parcial hay que girar una manecilla que sale de la esfera y ver cómo pasan todos los números hasta el 999,9 para poder ver el 000,0. Sobre la tija, tres testigos luminosos, también con la estética original, nos indicarán cuando entramos en reserva, cuando tenemos la caja de cambios en “Neutro” y si nos hemos dejado algún intermitente encendido.
Una vez arrancamos, el motor emite un discreto ronroneo que el escape se encarga de suavizar todavía más; el resultado es muy agradable. Engranamos primera y soltamos el embrague, de tacto muy suave, y comenzamos a circular. Los primeros giros se hacen totalmente distintos a los de cualquier moto “convencional”. La marcada forma redondeada de los neumáticos es algo que sorprenderá inicialmente, pero que no es un inconveniente para llevarse bien con la moto. Todo lo contrario.
Es compacta, ligera, muy ágil y la posición de conducción que ofrece es muy confortable. Como hemos dicho antes, permite muchísimo movimiento. El asiento disfruta de un mullido que invita a pasar horas sobre ella y, lo que es más importante, también en la plaza trasera, que además incorpora un asidero que rodea el asiento, aumentando la confianza y el confort del pasajero.
En cuanto al motor, muestra una alegría distinta al de la 125. La VanVan200 es 11 Kg más pesada y sólo desarrolla 3cv más que su predecesora (12cv de la 125 contra 15 de la 200). Las cifras pueden parecer modestas, pero el motor “grande” respira y se mueve con una soltura impresionante, aun teniendo que cargar con piloto y pasajero. Tanto es así, que la diferencia entre ir solo o con copiloto es prácticamente inapreciable. Sigue siendo capaz de alcanzar su velocidad máxima (unos 100Km/h) sin complicaciones.
En pocos kilómetros ya nos entendemos perfectamente con las características de la pequeña Suzuki, y empezamos a ver claramente el motivo de su “traslado” al hábitat urbano, pese al concepto de su diseño inicial. Resulta ser sumamente agradecida para la entrada en curva, para los cambios de peso y para los giros cerrados. Esto la hace idónea para desplazarse por la ciudad, donde la maniobrabilidad es algo imprescindible. Las rotondas, esquivar los coches que no nos han visto, o circular por calles estrechas, es algo que se le da muy bien y en donde se encuentra muy cómoda.
¡VAYA SOPRESA! ¡QUEREMOS MÁS!
Una vez descubierto el potencial a nivel dinámico, las siguientes preguntas estaban clarísimas: ¿Qué tal se comportará en una carretera de curvas? ¿Y en tierra? ¿Y en zonas bacheadas?
Planteadas las preguntas, fuimos a buscar las respuestas, y la primera prueba la realizamos en una carretera de curvas variadas recién asfaltada. Inicialmente parecía que la falta de potencia iba a ser un problema dado que en subidas, como es lógico, la aceleración se resentía. Pero una vez cogida la confianza para inclinarla como es debido y acostumbrados a las sensaciones de esos grandes globos que lleva por ruedas, las trazadas empezaron a ser más finas y el ritmo más constante.
Llegados a destino y con la adrenalina por las nubes, decidimos pasar a una carretera con el firme en peor estado. Extremando las precauciones, nos permitimos circular a ritmo alegre para tratar de favorecer que aflorasen las posibles carencias de la VanVan200. Las suspensiones hacen un trabajo muy bueno que complementa perfectamente al que hacen los neumáticos, dando una total sensación de seguridad y confianza que añadidas a la alta manejabilidad, son las claves de la diversión que proporciona.
Si bien es cierto que el freno delantero trabaja perfectamente y es más que suficiente para detener la moto en cualquier situación, se echa en falta una mordida más tenaz, llegando a pensar que el porcentaje de efectividad recae más en el agarre proporcionado por el gran neumático, que por el sistema de freno en sí mismo. No así para el trasero, que ofrece una frenada más contundente a cambio de un tacto más duro (algo razonable, también, si se tienen en cuenta, una vez más, las dimensiones de la rueda trasera).
LA PRUEBA DEFINITIVA
A estas alturas y con todo lo que habíamos visto de la VanVan, ya estábamos más que contentos con los resultados, pero faltaba saber qué resultados ofrecería cuando bajo sus ruedas, no hay asfalto.
Encontramos una pista de tierra donde la circulación está permitida. Es un camino principalmente liso con algunas zonas “maltratadas” por las lluvias y el paso de vehículos agrícolas. Lo suficiente exigente para cumplir con el objetivo y lo suficientemente seguro como para mantener la integridad física de moto y piloto.
Entramos con toda la confianza que la moto se había encargado de darnos y una vez más, la respuesta fue exquisita. Las suspensiones absorbían los baches ligeros y moderados con excelente suavidad y progresividad. De hecho, ni si quiera se notaban vibraciones excesivas en el manillar. Eso sí: el único bache importante que nos sorprendió en el camino se le atragantó un poco. Por suerte, el mullido del asiento fue una ayuda extra para aumentar la sensación de suavidad durante toda la prueba.
Pudimos comprobar, también, que los problemas de tracción eran inexistentes a pesar de nos esforzamos a conciencia en hacer que la rueda trasera perdiera adherencia al acelerar con contundencia. El eje delantero trabajaba con soltura en todo momento, guiando la moto sin problemas en cualquier situación. Lo único que no toleraba era acariciar el freno en curva. En esas situaciones resbalaba como si del efecto aquaplanning se tratase. Y no: disponer de ABS no ayudaría en nada en ese sentido, puesto que la rueda no se bloqueaba, sino que seguía girando. La pérdida de adherencia era lateral.
GRATAMENTE SORPRENDIDOS
Hemos de reconocer que hacía tiempo que no disfrutábamos tanto con una moto inferior a 250cc. Claramente, el aspecto sencillo, discreto y retro que tiene la VanVan es la demostración más contundente de que las apariencias engañan. Es cierto que quizá nos quedamos con las ganas de saber qué tal le sentarían unos cuantos centímetros cúbicos y unos cuantos cv más de potencia (no más de 20), o un catálogo de accesorios para personalizarla o tantas otras cosas. Por pedir, que no quede. ¿No?
Pero el encanto de la VanVan es precisamente ese, que bajo la apariencia de la chica tímida a la que nadie saca a bailar, hay esperando un mundo de sensaciones y experiencias, reservado sólo para aquellos que realmente sepan apreciarlas.


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