Probamos la Victory Hammer S

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A primera vista la Victory Hammer S resalta por su aspecto agresivo, a caballo entre lo custom y lo muscle-bike, con ciertos “toques” que recuerdan (evidentemente, salvando las diferencias) a algunas modificaciones Café Racer.

No hace falta encenderla para tener clara su procedencia americana. El imponente bloque motor en acabado negro mate con las inscripciones “Freedom V-Twin” y “106 cubic inches” atrae toda la atención sin demasiados esfuerzos, en parte gracias a sus dos cilindros en V, cuyo tamaño es más que contundente. El colín; con la tapa para el asiento trasero, los embellecedores laterales y esa forma redondeada y “arrastrada” hasta mitad de rueda, recuerda a la famosa Intruder 1800r. El doble escape en el lateral derecho nos hace pensar directamente en su competencia. Harley Davidson.

Sin embargo el faro delantero, la línea del depósito de gasolina y un larguísimo faro LED trasero con forma de flecha nos devuelven a la realidad, recordándonos que estamos ante una moto con identidad propia con la que no hay lugar a comparaciones.

PRIMERAS IMPRESIONES

Al encenderla, los “pistonazos” se hacen con el control de absolutamente todo. El bloque motor, el chasis, la horquilla, el manillar, nuestras muñecas… Pero sorpresivamente, ni las vibraciones son tan intensas como esos cilindros nos hacían esperar, ni se aprecian durante la marcha. Por supuesto, si ponemos todos nuestros sentidos en alerta y centramos la atención en ellas, están ahí. Claro que vibra. Pero difícilmente lo apreciaremos mientras la Hammer esté en movimiento.

Los primeros giros se hacen extraños. A pesar de mostrar buena voluntad para hacerse entender, los 305 Kg de peso (en vacío), la posición de conducción, el importante ancho del neumático trasero y sobretodo un lanzamiento de 32º en la horquilla, (que de por sí ya supone un comportamiento distinto para los que acostumbramos a conducir motos touring o sport) hacen que la dirección se sienta excesivamente suave y necesitemos unos kilómetros para llevarnos bien con ella.

EL VALOR DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Acabados impecables, materiales de calidad y, aunque parezca una insensatez, la ausencia de ABS hacen que la Victory sea mágica en todos los sentidos. Un rodar muy fino pero con detalles que nos hacen sentir el placer de la auténtica mecánica, con una caja de cambios que en reducciones rápidas clava el eje trasero al bajar a segunda y nos brinda esa sensación, que asusta al mismo tiempo que nos saca esa media sonrisa producto del pillín que todos llevamos dentro, es de esas cosas que cautivan a los amantes de las motos en su estado puro. Una moto con personalidad. Una moto con la que te tienes que pelear para disfrutar, pero que si quieres gozar del simple placer de conducir, sabe entenderte y te lo pone fácil. El hecho de que en fábrica ya incluyan la tapa del asiento del pasajero nos recuerda que hasta las almas más solitarias gustan de buena compañía cuando la ocasión lo merece.

ESENCIA AMERICANA

Concebida para disfrutar de las rectas interminables, de la aceleración en su estado más salvaje y del viento en el pecho, la Hammer S es una moto totalmente pasional. La filosofía yankee se hace aún más visible durante la conducción, aderezada con un cuadro de instrumentación austero aunque francamente bonito y llamativo. Éste se ha configurado en dos esferas blancas con carcasa cromada. En la izquierda encontramos el velocímetro, que ofrece la posibilidad de mostrar este dato en kilómetros o millas por hora, pero más allá de eso no da demasiado juego, ofreciendo un LCD que sólo muestra el odómetro, la distancia parcial (sí, en singular) y las revoluciones en formato digital. Desde lo personal, teniendo la esfera derecha dedicada por completo a mostrarnos ese dato, quizá encontraríamos más utilidad a una segunda distancia parcial o al termostato pero allí lo que se monta en fábrica, es lo estrictamente necesario y estos detalles son, precisamente, los que atraen a los amantes del automóvil americano.

LA PRUEBA

Los alrededores de Montserrat, en Cataluña, albergan una carretera muy frecuentada por los motoristas de la zona, conocida como “Ca la Iaia”, que es como se llama el único bar que en ella encontraremos. Así que, dado que su calzada es amplia y sus curvas muy variadas, sin llegar a tener tramos “ratoneros”, consideramos que era el escenario de pruebas idóneo para la Hammer. Además, para llegar hasta allí tendríamos ocasión de probarla también en autovía, con lo que la prueba sería aún más completa.

Lo primero que confirmamos es la finura de rodaje. A la velocidad de crucero que la moto pide, que son 90-100 Km/h, el rodaje es (y no exageramos) tan fino como la más suave de las tetra-cilíndricas. Más allá de esta velocidad el viaje es soportable, pero el aire que recibimos acabará incomodando a la larga, al tiempo que las vibraciones del manillar empiezan a asomar en el umbral de los 110-120Km/h.

No hay mapas de potencia, no hay ayudas electrónicas. Tan sólo la carretera, la moto, y el piloto.

Las más que conocidas virtudes del motor “Freedom V-Twin” de Victory revalidan su título en la Hammer. En todo momento la respuesta es excelente. Desde cualquier régimen de vueltas hay empuje para responder a la demanda de necesidades. Esto hace que la salida de las curvas, cuando hay que levantar esos 300 kg, sea prácticamente un juego de niños.

El momento de entrar en curva, sin embargo, requiere más técnica. La diferencia de anchura entre la rueda delantera y la trasera implica que cada una pretende seguir una trayectoria distinta. Encontrar el punto de equilibrio entre lo que ellas quieren hacer (cada una por su cuenta) y lo que queremos hacer nosotros, nos obliga a tener muy clara la trazada y hacerla lo más limpia posible. Además, los avisadores de las estriberas nos recordarán a menudo que el margen de error es prácticamente inexistente. Tanto es el par motor (139Nm a 2800RPM), que en reducciones de 4ª a 3ª y de 3ª a 2ª, la rueda trasera arrastrará por el asfalto a poco que acariciemos el freno trasero para “timonear” el eje trasero. Dicho sea de paso, que la transmisión por correa de kevlar reforzada con fibra de carbono ni si quiera tose ante los forcejeos entre motor, goma y asfalto.

En una moto de estas características, se hace muy difícil encontrar el punto intermedio entre el confort y las prestaciones. En el caso de la Hammer, las suspensiones se caracterizan por un tacto bastante duro y un comportamiento algo explosivo. Aportan el grip y el aplomo que la Victory Hammer S requiere en todo momento. Confieren a la moto la capacidad de ir “leyendo la carretera”, dándonos información precisa sobre lo que debemos hacer y lo que no, algo que otorga al conductor un alto nivel de confianza y el paso por curva que su inmensa rueda trasera necesita. No obstante, no hay que alarmarse por el concepto “suspensiones duras”. La única situación en la que nuestra espalda puede aquejar, se dará exclusivamente en entorno urbano, ante badenes o baches muy pronunciados, donde a más de 20 Km/h la compresión y la extensión de la horquilla es notablemente brusca, y el corto recorrido del mono-amortiguador trasero impide que éste pueda hacer gran cosa por nosotros.

En cuanto al sistema de frenos, la ausencia ABS tendrá tantos amantes como detractores. Muchos opinarán que no montar este sistema es una insensatez, dados sus beneficios más que contrastados. Otros muchos coincidirán en que la filosofía con la que se diseñan los vehículos en E.E.U.U. evita a toda costa la inclusión de todo tipo de equipamiento que no sea estrictamente necesario.

Por lo que a nosotros respecta, poco malo hay que decir. Más allá del tacto algo rígido de la maneta derecha y que ésta no es regulable para adaptarse a diferentes tamaños de mano, el conjunto es estupendo. El tren delantero equipa doble disco flotante de 300mm, mordidos por sendas pinzas de 4 pistones. El eje trasero equipa un disco idéntico a los delanteros y una pinza de dos pistones, capaces de detener en décimas de segundo el imponente neumático trasero. Ambos trenes incorporan de fábrica latiguillos metálicos y las sensaciones son de efectividad, progresividad y control total de la frenada. Eso se traduce en confianza, que es lo que debe transmitir un sistema de frenos.

CADA VICTORY ES ÚNICA

La posición del conductor es cómoda. Las estriberas en posición centrada ofrecen un cómodo descanso para las piernas sin perder un ápice de control en el freno trasero o en el cambio. El manillar, con una curvatura muy acertada, permite conducir la Hammer todo el tiempo que queramos sin sentir fatiga en muñecas o antebrazos.

El asiento es amplio, ergonómico, y con un mullido que invita a pasar horas sentado en el. Por desgracia, no podemos decir lo mismo del copiloto, que una vez quitada la tapa, dispone de muy poco espacio para las “posaderas” y no tiene nada donde agarrarse más allá del propio piloto.

Ya decíamos al principio que la Hammer es una moto para “almas solitarias”, aunque estas gusten de compañía en alguna ocasión. No obstante, aquellos que compren una Hammer S y disfruten de las rutas en compañía, la marca dispone de un extenso catálogo de accesorios en el que podemos encontrar multitud de asientos opcionales, algunos con respaldo incluido.

Además, dicho catálogo incorpora tantos elementos como el cliente quiera adquirir para convertir su moto en un vehículo único, personalizándolo a su gusto con retrovisores, estriberas, intermitentes, puños, y un largo etcétera de opciones que adaptarán cada Victory a las necesidades específicas de su dueño.

Resulta llamativo el contraste de opiniones quien ve la moto y quien la conduce. Queda patente que las primeras impresiones no siempre son válidas, y que su apariencia de grandullona torpe y rígida que “solo vale para ir recto”, en realidad esconde una moto con cierta agilidad aunque no podamos seguir el ritmo a los pilotos de MotoGP, y que da altas dosis de diversión cuando las curvas aparecen en nuestro camino.

Una moto de las que hay pocas. De esas que “o la amas o la odias”, pero que si la pruebas te será imposible odiar.

Las fotografías han sido realizadas por DFerentPics para MotoTaller.

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Berton
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