MV Agusta Brutale 1090 RR

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Supernaked con 158 CV, diseño italiano y un corazón mecánico cuyo desarrollo fue iniciado por Ferrari. Bastaría añadir que su nombre es Brutale RR y que deriva de una ‘superbike’ como la F4 para hacerse una idea mítica y seductora del engendro pero completamente equivocada de lo que es realmente esta moto. Una palabra define casi por completo la naked más potente fabricada en Varese: dulzura. Desde el tacto del acelerador a la posición de conducción pasando por el diseño del frontal, todo está orientado a que nunca te duelan los riñones ni las muelas tras gastarte en ella casi 20.000 €.

La historia de la marca MV Agusta es sin duda apasionante. Fundada en 1907 por Giovanni Agusta en Cascina Costa (Varese, Italia) como fabricante de aviones para el ejército italiano de la Primera Guerra Mundial, su primera moto nació en 1945. Su devenir reciente ha involucrado a varias marcas europeas y americanas: Cagiva (CAstiglioni GIovanni VArese) la adquirió en 1992, y ese se considera que es el punto de arranque de su resurgimiento.

Hay que ver, ¡menudo lío!
Dentro del grupo de empresas de los Castiglioni estuvo también Ducati unos años después, cuando la de Borgo Panigale estaba al borde de la desaparición; y también Husqvarna, en un tiempo en que pasó de producir ruinosamente en Suecia a trasladarse a la planta del grupo en Schiranna (Italia). En esa época se incorporó al diseño de las MV Agusta el maestro Massimo Tamburini, autor entre otras de las Bimota (BIanchi, MOrri, TAmburini) y de la imperdible Ducati Monster, cuyo chasis multitubular Trellis sería ayer como hoy sello inconfundible de identidad de sus diseños, como el de la Brutale RR que aquí nos ocupa, Cagiva Raptor incluída (por cierto, con motor Suzuki).
MV Agusta, junto a Cagiva y Husqvarna, pasó fugazmente por las manos de Harley-Davidson, aunque desde 2010 Claudio Castiglioni, hijo de Giovanni y padre del otro Giovanni Castiglioni –quien le sucedió a la muerte de Claudio en 2011– se hizo con el control de la marca, perdiendo por el camino Cagiva y vendiendo Husqvarna primero a BMW (que desarrolló la espectacular Nuda 900 y basta), hasta que la alemana se la vendió de nuevo a KTM.
La MV Agusta F4, la primera moto de la nueva era de la marca de Varese, se lanzó en 1997 e impresionó a todo el mundo por diseño y prestaciones. Diseñada por Tamburini, su motor tetracilíndrico de válvulas radiales fue un proyecto iniciado por Ferrari que quería aplicar esta tecnología de sus coches de competición a las motocicletas. Esta Brutale RR pasa por ser la versión domesticada, refinada, evolucionada y desnuda de esa misma F4, aunque con las debidas actualizaciones que las legislaciones han ido trayendo estos últimos años. Culebrón a la italiana, ¿sí o no?

El mito a la espalda
Como MotoTaller no es una revista de historia, mejor hablamos de la Brutale RR, ¿no? Pues lo primero que pensamos cuando supimos que Motos Bordoy nos la cedía para probarla fue que ya nos iba faltando encontrar un circuito donde pudiéramos dar rienda suelta a sus 158 CV y que durante la semana que la tuviéramos les tocaba a nuestros riñones sufrir de lo lindo. Cuál fue nuestra sorpresa cuando desde el minuto 0 de recogerla lo único que nos sorprendía era la enorme suavidad y dulzura de todos sus componentes, motor incluído (ojo, ¡que proviene del de la F4!).
Esa es la tónica en la Brutale: que no es brutal, ni salvaje, ni desbocada, sino todo lo contrario. Tiene potencia para aburrir, y cuando le abres el grifo con ganas, su motor demuestra por qué convirtió en su día a la F4 en la moto de serie más rápida del mundo. Pero nunca, nunca te va a poner en aprietos que tú no te hayas buscado.
Como buen tetracilíndrico, su respuesta en bajos es modesta, pero al contrario de lo que ocurre en otras cuatro patas no puedes designar con claridad el momento en el que la aceleración se despega como un obús, porque el camino hacia ese punto es tremendamente progresivo y dosificable.

Ciclogénesis
Ahí está la otra característica definitoria de esta meganaked: una parte ciclo excelsa, intachable. Solo ver las horquillas y los elepés delanteros ya puedes hacerte una idea de que cuando le das a la maneta del freno, aquello frena. ¡Y no veas cómo! Pero una vez más, sin estridencias, sino con mucha miel.
¿Quieres la definición de estabilidad y precisión en curvas? La Brutale RR tiene un doctorado en eso. Sus Pirelli Diablo Supercorsa forman parte irrenunciable de ese tren impertérrito. El único problema de tanta eficacia es el precio que hay que pagar en maniobrabilidad a bajas velocidades o en parado, con un radio de giro enorme que te hará sentir tonto aparcando en la acera.
Después están las ayudas electrónicas. Un control de tracción con ocho niveles seleccionables, ABS desconectable y dos cartografías del motor que cambian la respuesta del ride-by-wire entre deportiva y “humana”. Y la componentística, de un nivel formidable que (casi) justifica su (este sí) brutal precio. Ah, porque, no hemos hablado del diseño, ¿no? ¿Es necesario o con las fotos ya te apañas? •
www.mvagusta.es

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Berton
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