Aparentemente y salvando el detalle del precio, podríamos decir que estas dos custom compiten en la misma liga. Conceptos y dimensiones similares, para dos vehículos que en principio podrían estar bastante igualados. Sin embargo en un primer vistazo apreciamos algunas diferencias que invitan a pensar todo lo contrario. De un lado, tenemos la Indian Scout Sixty, de estética musculosa, joven y agresiva, con un asiento pensado para recoger los embates de su motor al acelerar, y espacio para llevar puntualmente a un acompañante. Del otro, la Harley Davidson Softail Slim. Mucho más austera y conservadora en el apartado estético, se presenta con asiento monoplaza y sin estribos de pasajero, ni cúpula, ni nada referente al confort, más allá de las plataformas que reemplazan a los estribos del conductor. Esto ya nos invita a pensar que el público objetivo de cada una es completamente distinto, hecho que constatamos en la prueba dinámica.
La HD se muestra poderosa y austera, al más puro caracter de la marca. Carece de control de tracción y entrega un par motor de 145Nm casi abajo del cuenta vueltas. Sólo goza de LEDs en el faro delantero y su tarado de suspensiones es rígido e implacable. La Indian, por su parte, es algo menos potente aunque sus 88Nm no son “moco de pavo” y de ahí que su asiento esté pensado para recoger la parte baja de la espalda, pues los entrega a 3000rpm. Sensaciones fantásticas con ambas en ese sentido. A nivel seguridad, ambas incorporan un sistema de frenos sobradamente capaz, como casi todas las motos de hoy en día. La Indian, por su carácter más polivalente y suave, permite mayor progrtesividad que la Harley, también en el gas. Por supuesto contamos con ABS en los dos ejes de ambos modelos.
La transmisión por correa suaviza el carácter de ambos propulsores, notándose especialmente en el de la Indian por razones Obvias. Ésta también gana la comparativa en manejabilidad, y por eso creemos que es la más polivalente, al punto que permite uso urbano.


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