Otro mes de octubre de un otoño que no acaba de llegar, otro mes en el que esquivando lluvias y granizos, podemos salir en moto. No queremos ponernos en modo abuelo diciendo que el tiempo ya no es lo que era y que ahora el verdadero invierno ya no llega hasta enero y dura apenas dos semanas. Tampoco vamos a desgranar la retahíla de calamidades que infligimos a nuestra casa el Planeta Tierra y que afectan al clima global con innegable efecto, por más que algunos terraplanistas insistan que solo se trata de ciclos naturales.
En nuestro país, las temporadas de moto se alargan más de lo que solía suceder hace un par de décadas. Eso en principio debería ser bueno para el negocio de la moto: a más días rodando, más días gastando recambios, mantenimiento, equipamiento y accesorios de moto. Si antes salíamos habitualmente en moto desde mayo hasta octubre, hoy en día prácticamente solo diciembre, enero y febrero son meses vetados a la moto… y ni siquiera.
Las curvas son preguntas que el camino te lanza. Tu respuesta es el estilo con que las trazas.
Esa continuidad se deja notar en la actividad de los talleres y las tiendas de recambio. Cada vez hay menos baches en la curva de trabajo durante el año, y eso debería traducirse en mejores cifras y sobre todo más estabilidad y previsibilidad. El parón invernal, excepto en lugares con climas muy extremos, está desapareciendo de nuestro sector. Eso nos lo han transmitido también muchas veces talleres y concesionarios protagonistas de nuestras secciones “del Mes”, incluso aquellos ubicados en lugares turísticos donde cabría pensar que la estacionalidad veraniega debería ser muy marcada.
¿Esa desaparición de la estacionalidad hace que el cliente sea más consciente de la necesidad del mantenimiento de su vehículo? Pues sobre el papel, debería serlo: si necesitamos nuestra moto durante más días al año, deberíamos entender que es una máquina que necesita mimos para funcionar. Pero la verdad es que sigue habiendo distintos arquetipos de usuario de moto, y en general la incorporación de más conductores del carné A1 (hasta 125cc convalidable con el carné B de coche) ha hecho que, contra pronóstico, el papel del taller como prescriptor y consejero de seguridad y mantenimiento del motorista sea cada vez más crucial.
Circular por una gran urbe y fijarse en las presiones de inflado de los neumáticos de las motos que nos rodean es un termómetro bastante afinado para darnos cuenta de que, desgraciadamente, más usuarios habituales no es igual a mejor mantenimiento de las motos. El número de neumáticos insuficientemente hinchados, incluso con motos cargadas o con dos pasajeros, es alarmante y debería ser motivo de reflexión profunda y acción decidida.
Debemos adaptarnos a los nuevos tiempos (también atmosféricos), pero sin olvidar por qué estamos aquí: para asegurar movilidad en las mejores condiciones de seguridad y eficiencia. El papel prescriptor del taller en particular y de todo el sector en general sigue sin pasar de moda.
¡Gas y V’s!



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