100 Colls: Bitácora de una peripecia incomparable a lomos de dos QJ Motor SRT900

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Es muy difícil contar con detalle lo vivido en tu primera 100 Colls sin emocionarse con los recuerdos de ese último fin de semana de abril. La ecuación une tres días de inacabables kilómetros en moto, mucha estrategia, carreteras y paisajes espectaculares y el morbo de tener que tomar muchas decisiones sobre la marcha para conseguir tu objetivo: pasarlo bien sin renunciar al éxito. Así se siente esta apasionante prueba en la que tú te haces tu recorrido para unir el máximo de puertos de montaña de Catalunya y el sur de Francia en “solo” 28 horas de conducción de moto.

Llevábamos tras este reto varios años. Desde que se realizó la primera edición en 2022 que ya entendimos que la 100 Colls era una motoruta diferente a todo lo que existía entonces. Sin punto de salida fijo, sin ruta definida, sin puntos de control, tres jornadas de moto intensas en las que el piloto se encarga de tejer la estrategia adecuada al objetivo: conseguir superar el mayor número de puertos de montaña de entre los 100 escogidos por la organización en todo lo largo y ancho del territorio catalán, con arreglo a varias categorías y durante un número de horas determinadas: 28 en total en tres días. Ese componente estratégico es el que más engancha de esta prueba, sin duda, por lo que comporta de toma de decisiones tanto a la hora de planificar la ruta como a la hora de asumir cambios sobre la marcha en función de los imponderables que puedan surgir durante el camino. Este año, QJ Motor, la marca del grupo Geely que importa y distribuye en España y Portugal el Grupo Motos Bordoy, nos ofreció formar parte de su caravana en este reto y nosotros no supimos negarnos.

Estrategia extrema

Así que sin nada que perder y mucho que vivir, nos enrolamos en el proyecto con más locura que juicio junto a otro inconsciente legendario: nada menos que Mario Garrido, alias Mabre, un motero empedernido, exitoso creador de contenido que ha sido capaz de participar en tres ocasiones en el Dakar y, lo más importante, volver entero de allí. Las motos escogidas para el evento serían dos QJ Motor SRT 900, una en versión S puramente asfáltica y otra en versión SX pensada para un uso mixto. Grupo Motos Bordoy no solo se encargó de ofrecernos las motos con las que participar en el reto, sino que además nos ayudó decididamente a trazar la ruta y la estrategia para poder acceder a posiciones de honor en el ranking, aun cuando el tiempo disponible previo a la celebración del evento no era mucho. Para desmarcarnos de la estrategia de las otras marcas importadas y distribuidas por el grupo Bordoy (Kove y Macbor), que buscaron ir a conquistar el trono en la categoría general de dúos y cuya clasificación se establece en función de la puntuación recogida por el equipo que más puntos haya cosechado durante el fin de semana, a Mabre y a mí nos sedujo el enfoque de intentar escalar buenas posiciones en la categoría de puertos Extreme, nada menos que yendo a cubrir los tres puertos de montaña más extremos del mapa propuesto por la organización (uno en Tarragona cerca de la provincia de Castellón, y los otros dos en Francia).

Con el apoyo logístico de la marca china de motos y con una estrategia clara para participar en la 100 Colls, solo quedaba desplazarse a lomos de las dos SRT900 hasta el punto de partida escogido para dar inicio a nuestro periplo el viernes 24 de abril a las 13h: Lo Collet d’en Piqué, nuestro primer puerto Extreme situado entre Alcanar y Ulldecona, a 2 horas de autopista al sur de Barcelona y en la frontera misma de la provincia con Castelló.

¡Por fin es viernes!

Un poco antes de las 13h, Mabre y yo llenábamos los depósitos de las QJ y los nuestros propios en la conocida gasolinera Tamoil de Alcanar para hacer frente a una jornada de 6 horas de moto que se preveía intensa. La organización provee a todos los participantes de la 100 Colls con un tracker GPS, un dispositivo que deben llevar siempre encima, cargado y conectado para controlar en todo momento la posición del contendiente. Es la forma en la que se pueden eliminar los controles de paso físicos y al mismo tiempo controlar los parámetros de viaje de los motoristas, incluida su velocidad media y punta. De hecho, durante el desarrollo del evento, varios usuarios llegaron a ser descalificados por superar ampliamente los límites de velocidad, tras diversas amonestaciones de la organización. El tracker también informa de si el participante se mueve fuera de las horas lectivas del evento, esto es: desde las 13 hasta las 21h de la jornada del viernes; desde las 7 hasta las 21h del sábado; y desde las 7 hasta las 13h del domingo, hora en la que todos los participantes deben llegar al mismo punto: el recinto del Món Sant Benet, un hotel y centro de convenciones muy cerca de Manresa (Barcelona).

Así, a las 13:05h franqueábamos el primero de nuestros “colls” del fin de semana, sumando nuestros primeros 391 puntos a nuestra hoja de calificaciones y dando por válido el primer puerto de la categoría Extreme. Para asegurar los movimientos, la organización ofrece una validación complementaria de los puntos de paso gracias a una aplicación en el móvil que avisa a cada participante cuando corona un puerto de los puntuables para la 100 Colls. Desde Alcanar, nos movimos en dirección norte casi todo el día, primero para ir a buscar el codiciado Mont Caro, un puerto especial (reversible, en el que se permite subir y bajar por el mismo recorrido) galardonado con 1.809 puntos, el más valioso de los 100. De allí, a las 17:03h estábamos ya en Prades, en el primer repostaje, intentando estirar al máximo la autonomía del depósito de las SRT900 pero sin arriesgarnos a tener que desviarnos de la ruta por ir a buscar una gasolinera, algo que sería dramático en consumo de tiempo.

Nuestro camino en dirección norte transcurrió por las juguetonas carreteras de la Serra de Prades, auténtico parque temático motero hasta alcanzar Bellpuig e ir a buscar un tramo más rápido para alcanzar Balaguer, ya en Lleida. Allí empezaría nuestro drama, algo que nos acompañaría todo el fin de semana: tener que asumir que al ritmo que rodábamos (alegre pero no suicida), se nos hacía imposible poder cubrir la ruta tal como la teníamos planeada. Ansiábamos subir en dirección norte hacia Àger, Sant Esteve de la Sarga y superar el Coll d’Ares, uno de los mejor cualificados de la prueba por lo remoto y lo lento de su ejecución. Pero si nos imbricábamos en ese atolladero, las posibilidades de alcanzar nuestro destino del viernes, El Port del Comte, justo antes de las 21h se esfumarían por completo. Así que en Balaguer decidimos dolorosamente desviarnos hacia Artesa de Segre, Isona, Bóixols (carretera de las que corta la respiración) y virar al este hacia Coll de Nargó, Cambrils d’Odèn y poco antes de Sant Llorenç de Morunys, desviarnos hacia el Hotel l’Avet en la estación de esquí de Port del Comte, donde llegamos a escasos 12 minutos de las 21h, buscando el descanso y la recuperación de fuerzas gracias a una cena en común con los otros dos equipos del Grupo Motos Bordoy.

Allí también comprobamos en propia piel que la planificación en la 100 Colls debe ir siempre un paso por delante de todo. Contábamos, fuera ya del tiempo reglamentario, descender hasta Sant Llorenç de Morunys para llenar los depósitos de nuestras QJ, pero resultó que la gasolinera de ese pueblo del Solsonès cierra precisamente a las 21h, con lo que tocaba de nuevo cambiar la estrategia de refuelling y posponerlo al día siguiente. Cerrábamos la etapa del viernes habiendo cubierto 504 km, 7:19h de conducción y una nada despreciable media de velocidad de 69 km/h.

Fiebre del sábado en moto

Empezamos la jornada del 25 de abril a pocos minutos de las 7 de la mañana creando contenido para el vídeo que sobre nuestra aventura en la 100 Colls a estas alturas ya podréis estar disfrutando en nuestro canal de YouTube (youtube.com/@mototaller). Dado que el día anterior no pudimos llenar depósitos, decidimos apurar un poco más las generosas autonomías de nuestras QJ Motor SRT900, con las que es fácil alcanzar los 300 km de un solo llenado, y proseguir nuestra ruta programada en dirección noroeste para irnos acercando hacia nuestro siguiente objetivo: el Coll des Arès, en Francia, a una media hora al sur de Saint-Gaudins. Para ello, había que cruzar el mítico puerto del Cantó, uno de los pesos pesados de la 100 Colls, con más de 1.000 puntos asignados.

Gracias al excelente rendimiento dinámico de la SRT900 con sus enérgicos 95 CV entregados por su motor bicilíndrico en paralelo, ese generoso par motor de 90 Nm y una parte ciclo muy competente con frenos Brembo y suspensiones Marzocchi reinando a placer en cada curva, el trayecto se nos hacía fácil y agradable, a pesar de tener 14 horas de moto por delante en la jornada del sábado, que es por definición la más dura y al mismo tiempo la más “rentable” en cuanto a acumulación de puntos. La buena ergonomía de la moto y su completo equipamiento de confort nos lo pusieron muy cómodo siempre para cumplir el cometido del equipo QJ Motor. Tras repostar en El Pla de Sant Tirs, enfilamos hacia Bellpuig, Espaén y el curioso Coll de Mu, otro de esos puertos reversibles con un buen aporte de puntos, 739. Tras coronarlo, y para acortar algo de recorrido, nuestra ruta prevista se adentraba en una zona de offroad a priori nada complicada, en dirección a Castellàs, Junyent y Biscarbó hasta llegar a la cima del Cantó.

Pero a veces hay ahorros que se acaban pagando muy caros y en esa pista de tierra, un riscal que afloraba en mitad del camino sería el catalizador de un giro de guion inesperado en nuestra particular crónica de la 100 Colls, desbaratando todos los esfuerzos del día y conminándonos a tomar, una vez más, decisiones dolorosas: al pasar por ese pedregal, el Pirelli Angel GT trasero de la SRT900 S que pilotaba con maestría (en tierra, su elemento) nuestro compañero Mabre dijo basta y se rajó generosamente, dejando escapar rápidamente todo el aire que contenía y, con él, nuestras esperanzas de poder firmar un papel destacado en esta especial prueba.

Rivales y compañeros

Llegamos al Port del Cantó y allí enseguida detectamos que algo estaba pasando con el neumático trasero de Mario. Como una aparición divina en el justo momento del desastre, en ese concurrido punto se encontraban en avituallamiento las compañeras del equipo femenino arropado por Kawasaki España, el Women’s Ride Experience Team compuesto por Anna Beneit, Alícia Viladomiu y nuestra querida Irene Destruels, colaboradora de MotoTaller, quienes a lomo de las nuevas KLE 500 estaban disputando la categoría femenina de la 100 Colls. Allí, sus mecánicos en su vehículo de asistencia iban a dar apoyo, sin esperarlo, a una QJ Motor averiada para intentar que pudiera seguir su camino. Sin dudarlo ni un momento, se entregaron totalmente a la tarea de intentar que nuestro equipo pudiera reengancharse a la competición, y a pesar de disponer de herramientas, de kits de reparación y sobre todo de mucho empeño, nada se pudo hacer para evitar que el Angel GT siguiera rajándose… ¡Nuestro más sincero agradecimiento por su entrega! Su gesto demostró claramente que cuando se trata de dar apoyo a un compañero motero en apuros, no hay colores ni marcas que nos separen.

Una gran marca demuestra que lo es cuando las cosas se tuercen. Mabre y yo debíamos intentar seguir en el reto, a pesar de las dificultades. A trompicones conseguimos llegar al pequeño pueblo de Vilamur, y desde allí nos dispusimos a llamar a la asistencia para que recogiera nuestra QJ con problemas. Entonces, otra aparición divina, en este caso llegada desde el cuartel general del Grupo Motos Bordoy y con apellido italiano, nos resolvía la papeleta de forma magistral: “Os enviamos otra moto donde nos digáis para que podáis continuar con la ruta”. Grandioso.

Puesto que nuestra intención era seguir con nuestro plan, o al menos una versión recortada de él dado que con el pinchazo y sus consecuencias llevábamos ya más de dos horas sin sumar puntos, tomamos otra decisión dolorosa, especialmente para nuestras piernas y traseros: seguiríamos compitiendo Mabre y yo montados en una sola moto, la SRT900 SX que resultó indemne. La moto de sustitución (una SRT600 SX) llegaría por la tarde a Prada de Conflent (Prades, en francés) que era nuestro punto final de la ruta del sábado, así que decidimos eliminar todos los puntos intermedios y centrarnos en cumplir nuestro objetivo de seguir vivos en el reto Extreme y recoger después la tercera moto para poder asaltar el tercer puerto de la categoría, curiosamente denominado Col d’Extrême, en Tuchan. Así que reacomodamos nuestros bártulos, nos encajamos en los asientos y… ¡gas! Rumbo al Col des Arès a recoger nuestro segundo puerto Extreme del día.

Seis largas horas pasaron desde que dejamos en la grúa la SRT900 accidentada hasta que llegamos a Prada de Conflent, circulando a dúo en la SX y comprobando que, a pesar de la gran comodidad de su ergonomía para dos, acarrear dos tipos grandullones como nosotros era una prueba demasiado dura para la estoica QJ. Cayó algún “coll” más, pero no íbamos a cazarlos, sino simplemente a resolver cuanto antes nuestras apreturas. Un poco antes de las 18h alcanzamos la capital del Conflent a los pies del Canigó. Entonces, llegó la fase más intensa de un día ya caracterizado por ser de todo menos tranquilo: decidimos atacar en las 3 horas que quedaban hasta el cierre del tracker el Col d’Extrême y un par de puertos adyacentes para intentar sumar algunos centenares de puntos que nos ayudaran a enjuagar un poco el mal resultado de la jornada. Y así fue como iniciamos una carrera contra el reloj para completar un bucle de más de 180 km por carreteras de montaña, sucias, cerradas y mal asfaltadas que finalmente culminamos con éxito justo un minuto antes de las 21h del sábado. Rozando el larguero. Habíamos acumulado 652 km en 10:45h de conducción con una sorprendente media de 61 km/h, increíble teniendo en cuenta nuestras vicisitudes.

El día D (de domingo)

Tras esa jornada épica, había que rematar el trabajo hecho, por lo que más que intentar arriesgarse sumando muchos puntos, la jornada del domingo tenía que ser la de asegurar el resultado. Recordemos que las reglas de la 100 Colls son claras: el participante que no llegue antes de las 13h a Món Sant Benet queda descalificado y, por tanto, pierde todos los puntos y retos acumulados durante los tres días de competición. No podíamos fallar. Así que, de nuevo, nos enfrentamos al reto de decidir si debíamos arriesgar e intentar cumplir toda la ruta prevista, con un bucle por el Montseny muy interesante pero con pistas de tierra que siempre comprometen la velocidad media, o si por el contrario cortábamos por lo sano y nos centrábamos en enfilar algunos de los puertos previstos pero con miras puestas a avanzar lo más posible. Pudo la cordura y tras descender en dirección sur hacia Amélie-les-Bains y Prats de Molló La Presta y cruzar a Catalunya de nuevo por el mítico Coll d’Ares (656 puntos para la saca), cayeron dos puertos complicados de gran belleza pero realmente lentos de ritmo: el de la Caritat (en Ogassa) y el de Collfred (en Vidrà).

Quizás ahí hubiéramos tenido que buscar alternativas más rápidas que nos permitieran optimizar más el tiempo, pero ahí también radica el encanto de la 100 Colls: tomar decisiones con la mayor de las inteligencias posibles y asumir sus consecuencias. Tras sumar también el mítico tramo de La Trona y rematar con el Coll de la Pullosa (en Collsuspina), tomamos rumbo directo hacia Món Sant Benet, donde llegamos aproximadamente a las 12:25h, por tanto, sin demasiado tiempo desperdiciado. Cerramos así una etapa de 291 km y 5:03 horas de moto con 58 km/h de media.

En el recuento de puntos final pudimos constatar que tanto nuestra etapa de viernes como la de domingo entraban en la clasificación de bronce, por tanto, se trataba de cifras muy prometedoras. ¿Qué hubiera pasado si el sábado todo hubiera salido como habíamos planeado? Quién sabe… quizás Mabre y MotoTaller estaríamos ahora hablando como los nuevos ganadores de la categoría Extreme de la 100 Colls 2026. Habrá que esperar al próximo año para saber cómo acabará esta historia… Lo que sí tenemos claro es que a pesar de las dificultades, podemos decir claramente y llenos de emoción: ¡Reto superado!

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Berton
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