Vivimos un nuevo Rodibook

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El Rodibook es infalible, siempre lo disfrutas, lo vives, y este año no ha sido una excepción. La quinta edición se celebró este fin de semana, como siempre con salida y llegada en Vielha (Vall d’Aran, Lleida) y volvió a ser una fiesta motera, con más de 700 motos participantes para hacer una ruta de más de 740 km por el Pirineo catalán y francés, por carreteras de todo tipo pero, esencialmente, aquellas que no están en los grandes recorridos de los navegadores, sino las más recónditas y desconocidas, pasando por lugares donde los pilotos no hubieran pasado nunca por sí mismos cosa que, en el fondo, es el espíritu que siempre ha caracterizado a la RodiBook en sus cinco ediciones. El participante estrella invitado de este año fue Iván Cervantes, piloto de raids y enduro invitado por KTM que cubrió el recorrido de la prueba en una KTM SuperAdventure 1290.

 

Ambiente 100% motero

Ya el viernes, había ambientazo en Vielha donde estaba el parque cerrado y la zona de verificaciones. La caravana motera fue un poderoso atractivo para los paseantes, congregándose en algunos momentos más de mil personas en el parking principal de la capital del Valle de Arán en Lleida.

La convocatoria contó con participantes de toda España y del mundo, y fue especialmente impresionante el esfuerzo de los numerosos participantes franceses y portugueses que en un fin de semana hicieron más de mil kilómetros para llegar a Vielha, los 740 de la ruta y los más de mil de la vuelta a casa, la mayoría en solitario pero varios en pareja y casi todos en grupo para compartir la experiencia.

En la reunión hubo variedad extraordinaria de motos, desde antiguas Montesa Impala o Bultaco Matador, scooters como Honda SH300 o Yamaha T-Max, custom, hiperdeportivas, clásicas, motos modestas y urbanas, Vespas y hasta un participante parapléjico que participaba en el triciclo CanAm Spyder modificado (y que además es un habitual de las rutas motorísticas). Evidentemente, el carácter rutero del evento hace que los moteros amantes de devorar kilómetros sean plaga y, por ejemplo, la moto más extendida (casi el 70% de los inscritos) fue la BMW R 1200 GS, en sus diversas generaciones.

 

El equipo MotoTaller

Ernest Vinyals y Jairo Lorenzo participaron en el Rodibook 2016 en representación de MotoTaller y emplearon 11 horas y 45 minutos en completar la ruta que realizaron a lomos de una KTM SuperDuke GT que les cedió KTM (uno de los patrocinadores principales del evento) y de una moto propia, una Triumph Tiger Sport 1050. La media de velocidad del equipo fue de 65 km/h, y, tal como explica Ernest: “Tuvimos que apurar mucho los paros y sincronizar los depósitos con las vejigas para optimizar al máximo los tiempos. Estuvimos publicando en Facebook, Twitter e Instagram en tiempo real los puntos de paso de la prueba”. Como colaboradores técnicos de nuestro equipo, citar (y agradecer) el apoyo de KTM (cediéndonos la moto), Alpinestars (nos cedió las equipaciones), VectorNote (los road books que utilizamos), Nolan y Shark (cascos) e Interphone Tour (nos cedió los intercomunicadores).

Los participantes debían completar el paso por siete controles, donde voluntarios de la organización (mayoritariamente pertenecientes al Cuerpo de Voluntarios de la Val d’Aran) controlaban el paso de los participantes. Este año, como novedad, los participantes iban localizados con un dispositivo GPS que permitió seguir en todo momento la posición de cada uno de los moteros, lo que hizo aumentar notablemente la seguridad. Sobre eso, explica Ernest “Nosotros mismos lo experimentamos, cuando por falta de gasolina tuvimos que buscar una gasolinera de emergencia lo que nos hizo desviarnos casi 20 km del recorrido. Mientras estábamos repostando, recibí una llamada de la organización para asegurarse de que estábamos bien, dado que habían comprobado que nos habíamos desviado mucho del recorrido trazado.”

La gracia del evento es seguir el road book y prescindir del navegador. Esto, unido a que la ruta es secreta hasta el mismo viernes anterior en que durante las verificaciones se ve publicado el mapa, hace que la experiencia sea aún más excitante: “no sabes hacia dónde te lleva el road book, así que te dejas sorprender”, nos cuentan Ernest y Jairo. A destacar que, respecto al lema de este año “Con Vistas Al Mar”, efectivamente, en Montboló (Vallespí, Francia) se pudo disfrutar de una espléndida vista del mediterráneo, por encima de los montes del Rossinyol.

Como dato, comentan nuestros moteros: “es curioso contemplar diversidad de dispositivos que los participantes usan como caja del road book, desde tuppers caseros adaptados con dos lápices que hacen de bobinas para enrollar el papel, hasta cajas de zapatos o carpetas de anillas. Los más profesionales llevaban incluso cajas de road book con luz para garantizar la visibilidad de las órdenes también durante la noche (las salidas comenzaban a las 6: 15h de la mañana, es decir, aún de noche, y la mayor parte de los participantes llegaban a partir de las 20h de la tarde, también de noche).”

La gran conciencia y respeto de los participantes permitió no tener que lamentar accidentes de consideración excepto un participante que, bajando el Puerto de la Bonaigua, colisionó con un coche que subía aunque, afortunadamente, no hubo daños personales de consideración, lo que no se puede decir de su montura…Esto, teniendo en cuenta el número de participantes y el carácter de la prueba, es todo un éxito.

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