PURO MÚSCULO
1993 fue el año en que Polaris comenzó a gestar la idea de una nueva división dedicada a las dos ruedas. No serían máquinas que dejasen indiferente ni a expertos ni a profanos, la idea que tenían en mente era bastante clara, motos exclusivas, una nueva forma de entender las dos ruedas diferente a cualquier otra, con profundas raíces americanas y fuerte personalidad. Había nacido Victory.
Sin embargo no fue hasta 1998 que se presentó al público la primera de las Victory, cinco largos años de gestación durante los que se trataron de encontrar las claves para ofrecer un producto diferente, un nuevo concepto de custom que respondiese al cien por cien a la premisa “made in America”. Por supuesto, la esencia debía ser una bicilíndrica de gran cilindrada y puesto que Polaris lleva más de 40 años fabricando en el corazón de los Estados Unidos, algo sobre el particular deben saber.
Polaris Industries Inc., añadía así motos a sus divisiones más conocidas, motos de nieve, motos de agua y quads y ATVs.
Toda esa experiencia marca profundamente a Victory que recibe toda la herencia del estilo americano y lo refleja desde el primer días. De hecho sólo hay que contemplar exteriormente las primeras V92 Cruiser para darse cuenta que respondían plenamente a los gustos de los hijos del Tío Sam.
Se trataba de una custom con todas las de la ley, baja y larga, motor en V cuatro tiempos, manillar ancho y largo, grandes guardabarros y una gran profusión de brillantes cromados. Dos años más tarde, en 2000 apareció un nuevo modelo, la V92C Sport Cruiser, caracterizado por sus neumáticos de perfil bajo, su voluminoso escape dos en uno, un anchísimo manillar y un potente equipo de frenos; modelo al que acompañaba a finales de año la V92C DeLuxe, con llantas de radios, pantalla alta, maletas de piel y respaldo para el pasajero. Esa fue la primera hornada.
Nueva generación
Hoy, la gama Victory cuenta en su catálogo con más de una docena de modelos diferentes divididos en tres familias, las grandes y espectaculares touring; un segmento medio con modelos equipados con maletas y pantallas, las baggers y finalmente las cruisers, los modelos más ligeros, entre los que se encuentra nuestra protagonista de hoy, la Judge.
Victory sigue siendo una marca, recién llegada, una firma con poca presencia todavía, aunque si tenemos en cuenta que de su fábrica en Spirit Lake (Iowa) salieron más de 10.000 motos en 2011 y para este año la previsión es de seguir creciendo, podemos augurar un excelente futuro. Según la propia marca sus matriculaciones del año pasado crecieron un 51%, así que de seguir esa progresión pronto serán una marca bien conocida.
De todos modos quizás ese relativo desconocimiento de la marca se deba en gran medida a que el 84% de su producción se ha quedó en Estados Unidos y Canadá , de modo que a Europa apenas llegaron unas pocas unidades.
Actualmente la filial española de Polaris cuenta ccn toda la gama de Victory Motorcycles y para la ocasión puso a nuestra disposición el modelo Judge, un modelo adelantado de la gama 2013 y que supone una de las ofertas más dinámicas y agresivas del catálogo de la firma.
La Victory Judge es una muscle bike en toda regla, larga, baja, con un tremendo motor de casi 2.000 cc. y tremendo par y una postura de conducción que te hace sentir el malo de la película o como mínimo, el juez vengador de la carretera…
Como suele ser habitual en las máquinas americanas, todo gira en torno al motor, una verdadera pieza de arte que como en todas la Victory responde a una clásica arquitectura de bicilíndrico en V a 50° de cuatro tiempos. Los cilindros disponen de un abundante aleteado para facilitar la refrigeración, sistema que además cuenta con el concurso de un radiador de aceite para mantener la temperatura de funcionamiento en parámetros razonables.
Los 1.731 cc. exactos de cubicaje se alcanzan mediante una combinación de 101 mm. de diámetro y 108 mm. de carrera; los 106 “cubic inches” que figuran en el cárter izquierdo del motor, y las culatas alojan un simple árbol de levas con 4 válvulas, cada una. Por cierto que su mantenimiento será mínimo, ya que la transmisión primaria emplea un sistema hidráulico de ajuste.
La alimentación se ha confiado a un sistema de inyección electrónica que utiliza mariposas de admisión de 45 mm. y al igual que la mayoría de sus hermanas emplea un tradicional escape por cilindro, con los colectores rematados por silenciosos biselados de tipo slash-cut y el conjunto decorado en un sobrio negro mate. El embrague es multidisco en baño de aceite y el cambio dispone de 6 velocidades, mientras que la potencia de casi 100 CV y el par de 15,3 kgm a 2.500 revoluciones.se transmiten a la rueda mediante una cómoda y limpia correa de fibra de carbono reforzada.
A su aire
En la parte ciclo encontramos un clásico bastidor de doble cuna realizado en tubo de acero redondo, una estructura que proporciona sustento a la masiva horquilla delantera convencional, equipada con barras de 43 mm. de diámetro y un recorrido de 130 mm. La zaga emplea un monoamortiguador de gas, montado sobre un basculante de fundición de aluminio con bieletas progresivas Su recorrido es de 75 mm. y lapermite ajustar la precarga del muelle.
El conjunto arroja unas medidas dignas de tener en cuenta, ya que finalmente la longitud es de 2.337 mm. y la distancia entre ejes llega a los 1.647 mm., en tanto que el peso en seco alcanza los 300 kilos. Toda una peso pesado de impresionante volumen.
La Judge se aparta del camino marcado por sus hermanas y explora un estilo menos ortodoxo al emplear llantas de 16 pulgadas de aleación ligera y cinco radios. Ligeros cercos que permiten montar neumáticos no menos singulares – Dunlop 491 Elite – de perfil alto, con un ancho delantero en medidas 130/70-16” y un discreto trasero de 1400/90-16”. Y en lo tocante a la frenada, nada que objetar, antes bien la Victory puede presumir en esta ocasión de lucir un solvente equipo, un disco delantero de 300 mm. mordido por una pinzas de 4 pistones y una réolica posterior, también de 300 mm. con pinza de dos pistones.
La monta
La doma del potro de Iowa requiere un cierto tono muscular. Lo primero que destaca son sus grandes dimensiones en general, con un manillar muy ancho pero alejado del piloto, y que además abre sus puntas hacia afuera. Cogerlo supone abrir exageradamente los brazos de manera que al mover la moto en parado y girando el manillar, tiende a escaparse de las manos, al menos en pilotos de medidas que ronden el metro setenta. Los más altos o de brazos más largos no tendrán tantas dificultades.
El peso tampoco contribuye a facilitar los movimientos en parado, a pesar de que se llega bastante bien al suelo puesto que el asiento no se eleva más de 658 mm. El motor cobra vida de inmediato con un plapitar que es toda una promesa de diversión futura. Una vez en marcha, gira redondo con facilidad y pueden notarse las pistonadas de sus dos grandes pucheros. Pocas vibraciones llegan al conductor y pese a lo que pueda pensarse, estamos ante un motor sube rápidamente de vueltas (dentro de las posibilidades de un bicilíndrico de casi 1.800 cc.), mostrando una alegría inesperada. Empuja desde muy abajo y pronto se coloca en velocidad de crucero en torno a 120, 130 Km/h sin problemas. Puedes correr mucho más, el motor lo permite con total tranquilidad, pero entonces el viento parece querer arrancarte los brazos y la cabeza. Su ritmo “natural” se sitúa en torno a los 130 km/h.
Un único pero en este apartado, lo escandaloso que resulta el cambio con unos tremendos clonks cada vez que se inserta una marcha, algo que no concuerda con la suavidad general con la que gira el motor.
En cuanto a las suspensiones, sorprende la eficacia del conjunto, la horquilla tiene un primer recorrido con cierta soltura pero luego cumple perfectamente absorviendo irregularidades del terreno o atenuando el efecto de las frenadas. En cuanto al amortiguador, funciona muy bien y sólo puede echarse en cara su corto recorrido, algo que sólo se evidencia en bruscas aceleraciones.
Los frenos son otro apartado bien conseguido, potentes y dosificables, el solitario disco delantero ofrece potencia y dosificación a aprtes iguales en tanto que cuenta con el apoyo de su gmelo trasero, igualmente eficaz. De todos modos el freno motor del tremendo bicilíndrico americano suple en ocasiones la acción de estos elementos.
Los kilómetros pasan con total comodidad gracias a su asiento de una sola pieza con dos alturas bien diferenciadas, y las carreteras de largas rectas y curvas de amplio radio son sus preferidas ya que en recorridos más sinuosos la pobre distancia al suelo (120 mm.) contribuye a que se roce el asfalto con la más mínima inclinación. En cualquier caso, la Judge no le hace ascos a los trazados más revirados y se permite ciertas veleidades en carreteras de montaña si sabes jugar con el gas y anticipar la jugada. Carácter no le falta.
En definitiva, una americana 100% con mucha personalidad, un modelo que pretende desmarcarse incluso dentro de su propia familia (toques personales como las placas laterales o el faro redondo, ayudan) y que puede convertirse en una opción interesante incluso para los que no terminan de comulgar con el universo custom. Es cuestión de probarla y si te animas, sólo 14.900 se interpondrán entre ella y tú.



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