Un bello cuerpo esculpido en el mejor gimnasio y vestido con sus mejores galas, que alberga un corazón puramente deportivo. Así es la Triumph Street Triple 675.
Las motocicletas compatibles con el permiso A2 son idóneas para quienes se permiten por primera vez una moto de cilindrada media-alta. Se las suele englobar en un sector de motos asequibles, con prestaciones decentes y un carácter divertido y ágil, que garantice una buena accesibilidad y un alto grado de satisfacción para el propietario. Pero por suerte o por desgracia (según en qué lado del juego estemos), sucede que estas motos acostumbran a vivir un tiempo relativamente corto junto a sus dueños, quienes con el rodaje y la experiencia, tienden a fijarse en otros modelos de mayores prestaciones o de otros segmentos.
Triumph, consciente de este hecho, se propuso integrar en este segmento una versión de su modelo más vendido, haciendo una versión limitable de su superventas y poniéndola en el mercado a un precio razonable (7.675€). La diferencia entre otros modelos y la que hoy probamos, es que la 675 es una moto de esas que dejan huella. Y no es de extrañar teniendo en cuenta sus orígenes, ya que básicamente es una Daytona sin carenado.
Agilidad, rabia, ímpetu, poder y constancia son las credenciales de su motor tricilíndrico, que sube de vueltas con una rapidez de escándalo. La respuesta en medios y altos es más que sorprendente y gracias a una larga relación de marchas, su comportamiento es muy elástico, lo que la convierte en una moto polivalente, útil para el día a día y emocionante para las rutas, sin dejar de lado unas estupendas capacidades en circuito. Amén de lo divertida que resulta su conducción en cualquier entorno.
Muy compacta, con un centrado de masas muy estudiado y una postura de conducción agresiva a la par que confortable, su comportamiento es realmente ágil y obediente. Acatará nuestras órdenes sin ni si quiera dudarlo, ofreciendo confianza plena desde el primer contacto. No obstante, para quien mida más de 1’75 (aprox.) la posición de las piernas será algo encogida y la ubicación de los retrovisores no resultará del todo cómoda, ya que sólo podremos regular el cristal, pues el brazo es de posición fija. Sin embargo el resto del conjunto compensa con creces estas “carencias”. Dicho sea de paso, la confianza que transmite se ve altamente reforzada por el buen trabajo de los Pirelli Diablo Rosso Corsa que montaba la unidad cedida. El paso por curva que ofrece gracias a todas estas características se puede definir en una sola palabra: espectacular.
Las suspensiones trabajan en perfecta simbiosis con el resto del conjunto y, pese a no ser regulables, el tarado de fábrica ofrece muy buena respuesta en cualquier situación, mostrando un alto grado de firmeza en frenada, en curvas y en circulación normal. Tan firme que algunos baches pueden resultar difíciles de digerir para el piloto. Sobre todo, aquellos que nos cojan por sorpresa.
Para la frenada se ha confiado en un sistema de doble disco de 310mm con pinzas Nissin de 4 pistones en el tren delantero. El trasero equipa una pinza Brembo de 2 pistones sobre disco de 220 para gestionar la frenada. Ambos dispositivos se muestran tenaces, con una mordida progresiva y un tacto más que preciso, aportando un plus de seguridad al conductor. Dotados de ABS, proporcionan una frenada óptima en prácticamente cualquier situación.
El cuadro de instrumentación nos informará permanentemente de todo lo que debemos saber, evitando distracciones innecesarias con un diseño simple pero elegante que garantiza la efectividad. Dispone de Odómetro y dos cuentakilómetros parciales (Trip A y Trip B), así como hora actual, marcha engranada y nivel de combustible. Para cuidar nuestro motor, además, dispone de un indicador luminoso de alta visibilidad en color azul, que se encenderá al llegar a un número de RPM máximos que el usuario puede personalizar.
Los clientes más ruteros, además, disponen de un largo catálogo de accesorios en el que podrán encontrar desde puños calefactables hasta estriberas ajustables, pasando por diferentes bolsas, cúpulas, asideros para el pasajero, sistema de información de presión de ruedas (TPMS) o alarma electrónica. Para los más “circuiteros”, el colín mono-puesto, las manetas de freno/embrague cortas, el escape Arrow y el quickshifter serán auténticas tentaciones.
Se mire por donde se mire, la Street Triple no es ningún juguete. Llegó para quedarse, y lo hizo por todo lo alto. Las fotografías han sido realizadas por Jairo Lorenzo y DFerentPics para MotoTaller.

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