Más de 20 años en el mercado y su nombre continúa dando de qué hablar. Desde que se presentase la primera Duke 620 en 1994, el modelo ha evolucionado tanto como para poder decir con la cabeza bien alta que no tiene rival en su segmento. Lejos quedan ya las primeras versiones, derivadas directamente del enduro, con excesivas vibraciones y una parte ciclo limitada cuando se le exigía demasiado en asfalto. Tras más de dos décadas de trabajo, la creación de la “supermoto” perfecta, que la fábrica de Mattighofen persigue desde hace tanto tiempo asoma con fuerza en este “model year” que supone un antes y un después en la saga.
PRIMERAS IMPRESIONES
Al recoger la 690 en las instalaciones de KTM España, nos llamó mucho la atención lo extremadamente compacta que resulta este modelo a la vista. De lejos, sería incluso fácil confundirla con un modelo de menor cilindrada. No obstante basta con dirigir la mirada a los lados del depósito, decorados con “los números mágicos” para disipar las dudas. Se trata de la mayor de la familia.
Una vez subidos, comprobamos la primera de las virtudes de la Duke: ligereza. Con tan sólo 149’5 Kg declarados, nos parece estar a mandos de una 125 y con esa sensación nos disponemos a girar la llave. En el LCD del cuadro de instrumentación aparece una frase en la que podemos leer “Ready to Race”, con la palabra “Race” destacada en rojo y una tipografía muy bien elegida. Toda una declaración de intenciones que deja claro cuál es el propósito de la nueva 690.
Sin poder aguantar más el ansia de arrancarla, pulsamos el botón rojo y el Lc4 empieza a cantar. El escape parece tímido pero deja entrever que cuando coja confianza nos deleitará con una música que jamás olvidaremos. El motor, por su parte, suena redondo nada más arrancar. Deseosos de que llegue el concierto que nos espera cuando el conjunto coja temperatura, engranamos primera y empezamos a rodar. En los primeros metros ya nos deja claro que “con el gas no se juega”, pidiendo un excelente tacto a la hora de dosificar el giro de muñeca. Sorprende que con ese comportamiento sea un modelo limitable para el permiso A2.
Las primeras curvas (todavía en entorno urbano) son un placer, pasando exactamente por donde queríamos, sin tener que pelear en ningún sentido y dejando entrever que su entorno preferido son las carreteras “estilo karting”. Curvas de radio corto-medio, enlazadas y variadas. ¡Las ganas de realizar la prueba se apoderaban de nosotros por momentos!
EN DETALLE
Su apariencia de moto simple esconde multitud de detalles que la hacen única. El más llamativo de estos es el cuadro de instrumentación, que consiste en una pantalla LCD a todo color en la que obtendremos toda la información que necesitamos conocer, e incluso alguna extra que no vendrá mal en ocasiones puntuales. Así, desde las más evidentes como velocidad, marcha engranada, revoluciones y cuentakilómetros, se nos informa también de la temperatura ambiente, y disponemos además, de unos menús por los cuales podremos navegar desde los controles situados en el puño izquierdo, en los que podemos obtendremos información de otros aspectos más detallados como el voltaje de la batería, un completo ordenador de a bordo, e incluso la fecha. En el mismo menú podremos configurar el ABS, el idioma o las unidades de medida (millas o kilómetros). Un sensor determina automáticamente la configuración de color (modo día/noche) para garantizar la visibilidad en todo momento, aunque, como en cualquier Smartphone, cuando el sol cae directamente sobre la pantalla, ésta resulta poco visible. El mensaje de bienvenida que comentamos al principio de la reseña, hace aún más atractivo este panel, que ya de por si es sencillamente espectacular.
El frontal de la moto o la “careta”, mantiene el formato de los últimos años, compacto, ligero, y con un aspecto que recuerda sobremanera a los orígenes de la Duke. Las motos de Enduro.
La ergonomía ha sido meticulosamente estudiada y el resultado es una postura muy confortable para piloto y pasajero. Teniendo en cuenta las especificaciones de la Duke y su agresivo carácter, sorprende que dos personas puedan circular en una moto de estas características durante más de 100 km sin que la fatiga haga acto de presencia. No obstante, más allá de esas distancias, se agradecerá una parada técnica, sobre todo por parte del pasajero, quien empezará a notar que el mullido del asiento trasero no es tan blando como al principio.
EL ALMA DE LA 690
El motor recibe una serie de modificaciones que aportan mejor rendimiento y fiabilidad. Entre otras, se ha modificado por completo la culata del cilindro, donde las válvulas de escape son accionadas mediante balancines de rodillos, mientras que la acción directa del árbol de levas se produce sobre las válvulas de admisión. De ese modo se controla mejor el temporizado del encendido y obtener más potencia en un rango de revoluciones más amplio.
El conjunto biela-pistón, los cojinetes del cigüeñal y la admisión de aire son completamente nuevos, el sistema de escape ha sido optimizado y los conductos internos, aligerados y reforzados. Se incorpora, además, un ride-by-wire con tres modos de conducción (Sport, Street y Rain), para garantizar una entrega de potencia efectiva y controlada.
Todos estos cambios se traducen en un mejor comportamiento en medio-alto régimen, un rango de revoluciones que ahora da 1000rpm más de juego y nada menos que 73cv de potencia máxima, con un par motor de 74 Nm. Un propulsor muy contundente y trabajador, que no conoce las palabras “pereza” o “límite” y que, no lo dudes, querrás tener en tu parking.
SEGURIDAD ANTE TODO
Brembo es la firma responsable del control de la frenada en este modelo, y para no perder la costumbre, se lleva el aprobado con matrícula de honor. El tren delantero equipa una pinza Brembo M50 de anclaje radial, un modelo de 4 pistones fabricado a partir de un bloque macizo de aluminio. Ésta es accionada por una bomba también radial y actúa sobre un grueso disco flotante de 320mm. La maneta, además, dispone de regulación.
Par el tren posterior, es suficiente con un disco de 240mm y una pinza de un pistón. Ambos ejes son gestionados por el sistema ABS de Bosch, que funciona también en curva y tiene la opción de desconexión.
Las suspensiones WP vienen de fábrica con una regulación sublime. Confort, ataque y capacidad de tracción que rozan la perfección, ofreciendo un paso por curva a la altura del resto del conjunto y entregando al conductor grandes dosis de diversión y confianza a partes iguales. La firmeza y aplomo en curva es tan sólida como en las rectas, en parte también gracias al nuevo diseño de las tijas. Una estabilidad sobresaliente para el escaso peso de la KTM, que trabaja al unísono con el chasis para que sólo tengamos que pensar en disfrutar.
TODAVÍA HAY MÁS
Uno de los aspectos que ayuda en gran medida a que podamos hacer un buen puñado de kilómetros y todavía querer más, es el exquisito tacto de los elementos mecánicos. El puño de gas desliza sobre la caña como si la fricción fuera cosa del pasado. Las marchas entran con una leve caricia sobre el pedal del cambio (aunque tendremos que acostumbrarnos a la posición, ya que está algo adelantado y elevado respecto al estribo) y el dedo índice derecho será suficiente para detener la moto en la mayoría de ocasiones.
Magura juega un importante papel en la mano izquierda. La bomba hidráulica que acciona el embrague lo hace con tal suavidad que la fatiga en la muñeca no existe. Ya sea en entorno urbano, en carretera rápida o “ratonera”, la maneta accionará la bomba sin apenas esfuerzo por nuestra parte.
Si eres de los que siempre quiere más y todo lo que acabamos de contarte te parece poco, con el catálogo de accesorios que KTM ofrece para la Duke 690 saciarás tus necesidades con total seguridad. En el encontrarás un gran abanico de accesorios para personalizar tu moto con piezas y protectores en carbono o aluminio anodizado, mejorar el rendimiento con líneas de escape Akrapovic, silenciosos Remus o KTM Powerparts, así como infinidad de complementos para viajes como maletas, bolsas, cúpulas, puños y un largo etcétera para hacer de tu KTM Duke no sea sólo una más.
UN TRISTE ADIOS
Las despedidas siempre son duras, y decir adiós a la Duke fue especialmente agridulce. Es uno de esos modelos imprescindibles que todos querríamos tener en el parking. Una moto con la que desconectar del estrés de la rutina diaria y dedicarnos un rato a nosotros mismos, ya sea un domingo por la mañana o un par de horas entre semana. Incluso para ir a trabajar y llegar a la oficina con una sonrisa en la cara. Porque eso es lo que la KTM Duke 690 produce. Que uno sonría sin parar.




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