Nuestra primera invernal: ¡la XXXIII Edición de la Jabalistreffen!

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Por fin nos estrenamos en una concentración invernal, algo a lo que le teníamos ganas desde hacía tiempo. Habíamos oído cuentos míticos sobre la Concentración Invernal en mayúsculas que se realiza cada año a finales de enero en Alemania desde hace ya más de 65 años, la Elefantentreffen en Baviera, y el hecho de ir a pasar frío sobre la moto para calentarse después con los compañeros de ruta ante un buen plato o un buen vaso, era una idea que nos seducía especialmente…

Cuando vimos que la gente del Moto Cámping Anzánigo, con el empuje de su nuevo restaurante Red Wagon, rescataban el espíritu de la Jabalistreffen que la pandemia había dejado en pausa, nos dijimos: “Esta será la ocasión propicia”, así que nos animamos. Dirigido por Carlos Moliner y el apoyo de nuestra querida Ana Cebanu (motera modelo que ha colaborado a menudo con MotoTaller), el recién reformado restaurante se ha erigido como un polo de atracción de nuevo público para el emblemático moto cámping, algo que necesitaba a gritos.

Llega el 25 de febrero y por gentileza de BMW Ibérica nos montamos en una rutilante R 1250 RT Triple Black con todos los extras deseables que nos llevó rauda y veloz a la región aragonesa del Alto Gállego. Hay que decir que esta generación de la RT nos pareció un poco más aburguesada y menos divertida, dinámica y ágil de conducir de lo que recordábamos de anteriores ediciones de esta superrutera de bandera. Eso sí, el aporte tecnológico y una cuidadísima ergonomía hacen que viajar en esa moto sea casi lo mismo que ver pasar el paisaje a tu alrededor sentado en el cómodo sofá orejero del comedor. Así que las 3 horas casi precisas que se requieren para cubrir la distancia entre Barcelona y Anzánigo pasan prácticamente como un suspiro y sin mostrar mella alguna.

El programa de la Jabalistreffen se iniciaba por la tarde, a partir de las 15:30h con la recogida de acreditaciones. Las 200 plazas se habían agotado apenas unos días después de abrirse las reservas y si no habías aplicado en firme con antelación, no había sitio para ti… muestra una vez más del éxito que el formato cosecha entre los moteros de pro más acérrimos. Hay que decir que un 25 de febrero uno esperaría que el clima fuera más invernal de lo que en realidad fue este pasado. Asustados por una semana previa llena de tormentas y grandes nevadas, esperábamos lo peor, pero la climatología (a favor nuestro pero en contra de lo que el Planeta Tierra necesita) se comportó como si estuviéramos casi en primavera.

A la entrada del Moto Cámping Anzánigo, un DJ no cejaba en su empeño de regresarnos a los años 80 pinchando todos, absolutamente todos los éxitos del rock de aquella época dorada, ya fueran nacionales o extranjeros. Esta fue una de las novedades de este año y fue realmente bienvenida porque propició un clima festivo que calentó los ánimos hasta bien entrada la tarde. También a primera hora después de comer, en una carpa aledaña al restaurante Red Wagon, los inscritos en la concentración podían hacerse hacer una foto de su moto o una foto con su moto (ésta, pagando).

A partir de las 20h se encendía la hoguera motera, probablemente el alma indiscutible de toda buena concentración invernal, porque es alrededor del fuego que las almas se encuentran y el calor del departir hace olvidar el frío externo, si bien como hemos dicho en esta edición no fue tal y apenas llegamos a estar a unos –4 °C, nada que ver con los –22 °C de hace algunos años que se recuerdan como el récord más cruento de temperaturas en una Jabalistreffen.

Poco después llegó la hora de la cena de hermandad, y cómo no, ¿qué se puede cenar en un encuentro en cuyo nombre aparece la palabra “jabalí”? Pues efectivamente, un estofado de jabalí que era la estrella de la cena, con el permiso de los deliciosos pasteles de postre realizados con amor y esmero por la pastelería zaragozana La Mar de Dulce. Es compartiendo mesa cuando más y mejor se confraterniza con tus semejantes, y era entonces cuando las más de 200 almas que componíamos el mosaico multicolor de la Jabalistreffen, repartidas en dos turnos para evitar aglomeraciones, más sublimábamos el espíritu de concentración, al tiempo que ingerimos un aporte calórico notable que ayudaba a mantener la temperatura corporal en la zona de confort. Entre los asistentes los había de todos los rincones de la Península Ibérica y también de más allá de los Pirineos, aunque por estadística y cercanía, catalanes y franceses eran la legión más numerosa.

Tras la cena, uno de los momentos más esperados de la concentración a través de los años: el sorteo de productos cedidos por las firmas colaboradoras del evento. Y como broche de la jornada, el concierto del grupo maño Generación Pop, unos auténticos virtuosos en el arte de transportarnos a épocas más lozanas. Ahí fue donde la fiesta se desató con todo su vigor y los pies, faltos de calor, recuperaban vida sin saber quedarse quietos. La recena, a eso de las 2 de la madrugada, fue la meta volante que ayudaba a seguir bailando y festejando la existencia motera, al menos hasta que los relojes marcaron las 4, hora de ir a dormir para todos (algunos hacía ya rato que planchábamos la oreja).

Al día siguiente, o al cabo de un rato según las ganas de fiesta que uno tuviera, la Jabalistreffen cerraba su programa de actos con el emblemático desayuno motero —mal llamado almuerzo— para todos los participantes. Un desayuno ligerito y fácil de digerir a base de longaniza, chorizo, huevos, pan y café. A las 11 de la mañana dábamos por cerrada oficialmente esta XXXIII edición de la Jabalistreffen diciéndonos todos adiós, ráfagas y V’s hasta el próximo año. Ya solo quedaba empaquetar los bártulos, cargarlos en la R1250RT y enfilar la carretera de vuelta a casa, no sin pasar por lugares absolutamente sobrecogedores como el embalse de La Peña o los imponentes Mallos de Riglos, gigantescas esculturas naturales que no se olvidan una vez vistas. Esta nuestra primera concentración invernal fue, en resumen, una experiencia divertida y muy social en la que es difícil no llevarse a casa nuevos amigos y que nosotros gozamos a espuertas gracias a lo fácil que lo pusieron todo los organizadores y el buen ambiente reinante. ¡Nos vemos en la Jabalistreffen de 2024!



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