MV Agusta Stradale 800

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Cuando se habla de motos italianas, todos pensamos rápidamente en dos letras. «MV». Y no es de extrañar ya que probar una MV Agusta no deja indiferente. Como en la mayoría de italianas lo primero que llama la atención de la Stradale 800 son sus líneas. Siempre sugerentes sin perder la elegancia. Una vez a bordo, el resto de elementos empiezan a cautivarnos hasta llegar un punto en el que uno no se quiere bajar de ella. ¡Y esto todavía a motor parado!

En el momento de la ignición, sus tres pistones y su escape con salida triple emiten una música que quedará para siempre grabada en nuestras mentes. El cuerpo sólo pide empezar a rodar y enlazar curvas una tras otra, deseando no parar nunca. Sobretodo si estás en un circuito como Parc-Motor, en Castellolí. Para rematar las primeras impresiones, el nivel de equipamiento es tal, que más que equipamiento podríamos hablar de exquisiteces. Los intermitentes delanteros en los paramanos, junto con los «daylights» integrados en la misma pieza son un ejemplo de ello, así como las alforjas traseras con luz de posición y freno, ya preparadas para montar y conectar.

Añadido a todo esto, el cambio quckshifter hará que acabemos perdidamente enamorados de la Stradale 800 al no tener que apretar embrague para subir de marcha (pero sí para bajar). Ése estilo diferente de conducción al que no todos estamos acostumbrados junto a sus 181 kg de peso y su comportamiento en el asfalto proporcionan al piloto unas sensaciones que en ningún momento dan idea de que estamos pilotando una moto que «sólo» desarrolla 115 cv. eso sí, capaces de dar más de una sorpresa si nos olvidamos de la progresividad al abrir gas. Las fotos son de Jairo Lorenzo y DFerentPics para MotoTaller.

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Berton
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