Motarnico: ADN motero en L’Hospitalet

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Hay negocios que son el reflejo exacto de quienes los dirigen. Al entrar en Motarnico, frente al emblemático edificio de La Farga, uno respira esa mezcla de veteranía y adaptación constante. Joan Carles Pena, con un humor característico y una memoria prodigiosa para los detalles de la industria, nos recibe para explicar cómo ha logrado mantener a flote un negocio familiar durante décadas de cambios sísmicos en el mercado..

Los orígenes 

La trayectoria de Joan Carles comenzó en Hospitalet Motos, empresa que fundó junto a su tío y donde trabajó durante 23 años antes de decidir que era el momento de emprender su propio camino. En 2001, dio el salto y abrió su primer local en la calle Copèrnic.

“Me fui a la calle Copèrnic y de ahí salió el nombre de Motarnico. Fue un juego de palabras curioso por la ubicación del primer local. Fue un momento de cambio, mi primo cogió las riendas de la empresa familiar y yo vi que era el momento de marchar”.  Aquel fue el germen de lo que hoy es una estructura consolidada que da empleo a seis personas y que ha sabido moverse por la geografía de L’Hospitalet buscando siempre el mejor servicio para el cliente.

Tras unos años en aquella ubicación y el paso por otros locales, incluyendo una etapa dedicada a los quads y buggies que cerró con la crisis de 2008, Joan Carles regresó a sus raíces. En 2007 inauguró su actual tienda en Hospitalet. “La cabra tira al monte”, afirma con orgullo sobre su retorno al centro de la ciudad. 

La apuesta por el producto asiático

Uno de los puntos de inflexión en la historia de Motarnico fue su decisión de apostar por marcas emergentes en un momento en que el mercado estaba dominado por las firmas japonesas y europeas tradicionales. Joan Carles fue de los primeros en ver el potencial de marcas como Keeway y Benelli cuando el mercado aún las miraba con recelo. Aunque reconoce que los inicios no fueron fáciles debido a la calidad de aquel entonces.

Esta visión no fue casualidad, sino fruto de una alianza estratégica con Euromoto85. Pena fue uno de los pocos profesionales que decidió caminar junto a la distribuidora cuando el proyecto de traer motocicletas de origen chino a España daba sus primeros pasos. Aquella apuesta de riesgo, nacida de la estrecha colaboración con el equipo de Euromoto85, sentó las bases de la sólida estructura que Motarnico representa hoy como servicio oficial.

“Al principio, cuando empezamos con el producto chino, era complicado. Las motos no tenían nada que ver con lo que son hoy. Recuerdo que las primeras Keeway… bueno, era un producto muy barato pero la calidad era muy justa. Sin embargo, el mercado ha cambiado radicalmente. El vehículo que yo vendía hace 20 años y el que vendo ahora es el día y la noche. Ahora marcas como Benelli, Keeway o MITT ofrecen una garantía y unos acabados que no tienen nada que envidiar a las grandes firmas”.

Hoy, Motarnico es concesionario oficial de Benelli, Keeway y MITT, además de trabajar estrechamente con Honda, Kawasaki (a través de su colaboración con Máquina Motors) y Kymco. Para Pena, la clave del éxito de estas marcas es clara: ofrecen equipamiento y calidad razonable a precios imbatibles, con garantías que igualan o superan a las de los fabricantes japoneses.

El relevo generacional

Uno de los pilares de la supervivencia de Motarnico es su capacidad logística. El negocio cuenta con un almacén en Tarragona (Vallverd de Queralt), donde gestionan recambios de segunda mano. Joan Carles viaja allí una vez por semana: “Está a 100 kilómetros, en una hora estoy allí. Desmontamos motos y gestionamos la logística desde el pueblo”.

Si algo enorgullece a Joan Carles es haber logrado que Motarnico sea una empresa familiar con futuro. Con sus hijos, Oriol y Guillem, plenamente integrados en el negocio, el taller ha experimentado una transformación operativa que Joan Carles observa con admiración y, a veces, con la sorpresa de quien viene de la vieja escuela.

“Mis hijos trabajan de una manera que yo no habría imaginado. Se han acabado los quebraderos de cabeza con los presupuestos. Ellos no te hacen el reportaje hablado, te reparan la moto y usan la tecnología. Sacan la tapa del embrague, hacen fotos de la avería, las cuelgan en el sistema y le envían el presupuesto directamente al cliente por el móvil. Todo eso que yo hacía antes de llamar dos veces para explicarlo, y que luego el cliente se quejara porque no lo entendía, ya no existe. Es mucho más eficiente”.

Esta modernización no solo se queda en la gestión de presupuestos. El taller, situado en la calle Sant Joan, es un hervidero de actividad que requiere una logística militar. “Yo a las seis menos diez de la mañana ya estoy en el taller”, nos confiesa. “A las siete menos diez ya tengo las 25 o 30 motos fuera en la calle para que, cuando lleguen mis hijos a las siete o siete y media, ya puedan entrar directos a trabajar. Se trata de optimizar la logística para que ellos se centren en lo que saben hacer”.

Beatriz es la máxima responsable de la tienda ubicada en la calle Barcelona, donde lidera con mano experta toda la gestión comercial. Ella se encarga personalmente de asesorar a cada cliente en la venta de motos, además de tramitar y supervisar de principio a fin los procesos de financiación. 

Un mercado en transformación

Durante la entrevista, Pena analiza los cambios en los hábitos de consumo. Desde el cierre de su tienda de quads en 2008 hasta el auge del motosharing y los patinetes eléctricos en la actualidad.

“El mundo ha cambiado. Antes, los chavales tenían esa inquietud por cumplir los 18 años y sacarse el carnet de coche o moto. Hoy eso se ha perdido un poco con los patinetes y el transporte compartido”, reflexiona. Sin embargo, Motarnico ha sabido encontrar su nicho manteniendo un servicio postventa impecable y una oferta diversificada que incluye incluso la gestión de recambios de segunda mano desde un almacén en Tarragona.

El futuro

A pesar de llevar casi medio siglo en el sector, Joan Carles Pena no da muestras de querer bajar el ritmo, aunque delega con confianza en su equipo. La tienda abre incluso los sábados por la mañana, algo que considera esencial en una ciudad con la vitalidad de L’Hospitalet.

“Si estuviéramos en un pueblo, quizás no tendría sentido, pero aquí hay mucho movimiento”, explica. Motarnico sobrevive y prospera porque ha sabido combinar la ética de trabajo incansable de su fundador con la frescura y las herramientas digitales de la nueva generación. 

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