LA PLAGA

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En tiempos de depresión los fantasmas de nuestros más terribles temores encuentran eco en determinadas actitudes que por desgracia se multiplican en estas circunstancias.

En este caso en concreto centramos nuestra atención en la plaga de los robos y toda la problemática que los rodea. Espinoso como pocos, este feo asunta cuenta con múltiples ramificaciones que hacen de él un rompecabezas de difícil situación.

La crisis ha propiciado un aumento espectacular de los robos de moto, pequeños scooters, deportivas, e incluso grandes GT desaparecen como por arte de ensalmo en lugares concurridos a plena luz del día o en oscuros garajes ocultos de cualquier mirada inoportuna. Ya no importa la situación, los cacos son capaces de todo.

Como tampoco parecen servir de nada en determinadas ocasiones, candados, cadenas, llaves codificadas, alarmas, vigilantes… Sin embargo en el trasfondo de todo eso flota siempre una inconsolable angustia, no ya por el robo, sino por la certeza de que jamás se prodrá recuperar la máquina sustraida puesto que la gran mayoría acaban descuartizadas en sucios almacenes de locales ilegales.

Hay determinados modelos que sufren con mayor saña en sus carnes ese aterrador azote; todos sabemos cuales son, y también sabemos cuales son las consecuencias. Cuando se corre la voz entre el público, hay más de uno que se muestra reticente a comprar ese modelo por el comprensible temor a quedarse pagando letras de un vehículo fantasma.

Pero, qué decir de esos locales que todo el mundo conoce y que siguen impasibles comercializando los despojos de nuestras querdas monturas, qué decir de esos clientes que les compran piezas sin importarles las procedencia, de los cuerpos policiales que nos prestan demasiada atención – con honrosas excepciones – a este tipo de delitos, de tantas ytantas lagunas que facilitan la propagación de este maldito cáncer.

La solución no es sencilla, pero una legislación menos blanda que cortase de raíz el alojamiento y desayuno de los chorizos de turno en dependencias policiales podría servir de ayuda.

Mientras tanto, la epidemia continuará y sólo nos queda cruzar los dedos para no ser la siguiente víctima.

Por cierto, se aceptan sugerencias.

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