Leo Vince acaba de celebrar su 65 aniversario gozando de una fuerte presencia en el mercado aftermarket. Con una capacidad de producción de 240.000 escapes anuales, la compañía italiana cuenta con un gran prestigio en la fabricación de este tipo de componentes, caracterizados por la calidad y un cuidado diseño.
Pocos fabricantes de componentes pueden presumir de tener una historia tan longeva y exitosa como la de Leo Vince o, como fue conocida inicialmente, Sito Gruppo Industriale. La empresa fundada en Turín, en el 1954 por Pietro Mollo, se especializó en la producción de tubos de escape para motocicletas de 2 y 4 tiempos de la época. La compañía italiana sigue ofreciendo una gama de producto como los de antaño, bajo las marcas Sito y Sito Plus para las Piaggio y las Vespa.
A raíz del buen funcionamiento de la fábrica, Leo Vince empezó a producir nuevas gamas de sistemas de escape para motocicletas offroad, custom y competición con las que la empresa aumentó su producción y su presencia en el sector aftermarket de las dos ruedas. La última gama en incorporarse al catálogo de Leo Vince fue la Silver Trail, una serie de escapes pensados para aquellos que quieran mejorar el sonido y rendimiento de sus motos custom.
Actualmente, la empresa Leo Vince divide sus instalaciones en dos complejos que se complementan mutuamente. Por un lado, cuenta con unas modernas instalaciones de 1.500 m2 donde se ubican tanto el departamento de investigación y desarrollo como el departamento comercial y de marketing. Para el desarrollo de nuevos escapes, su división de I+D, equipado con todo tipo de herramientas de última generación, es capaz de diseñar, poner a prueba y fabricar nuevos e innovadores escapes con los que ir mejorando su catálogo. Desde ese mismo edificio, se organiza y dirige el departamento de ventas y marketing que dispone de una red de más de 60 distribuidores por todo el mundo.
La planta de producción, con una superficie de 22.000m2, es capaz de realizar, de forma íntegra, todo el proceso de fabricación de todas las gamas de sus escapes. Es decir, realizan desde la primera etapa del corte de la chapa metálica, complejos procesos como la soldadura bajo atmósfera controlada, la finalización de todas las partes de fibra de carbono, hasta el montaje final, embalaje y envío. La planta emplea a 114 profesionales y cuenta con una capacidad anual de unos 240.000 escapes.


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