Cualquiera diría que hace más de tres décadas que la Scoopy cabalga por la ciudad y, sin embargo, aquí tenemos la nueva edición 2016 de la Honda SH300i, con un inconfundible aire de familia a primera vista, pero completamente renovada y repleta de detalles, de los que se ven en parado y de los que se agradecen en movimiento, y que la hacen más urbana, más ágil y más eficiente. En definitiva, más Scoopy que nunca.
Honda se lo pone cada vez más difícil a sí misma para evolucionar su SH300i. Modelo de referencia en su segmento, con cada nueva edición la firma del ala dorada se enfrenta al reto de superar al modelo predecesor manteniendo intactas las cualidades que lo han convertido en el favorito de los usuarios que buscan cierto nivel de prestaciones en un scooter y, a la vez, la sensación de seguridad que aporta la rueda alta.
Estéticamente, la nueva SH “grande” mantiene una línea continuista respecto a su exitosa predecesora. Ahora bien, Honda la ha puesto convenientemente al día dotándola de elementos tales como el faro delantero y el piloto trasero de LED.
Esta novedad, en cualquier caso, no debería restar protagonismo a las modificaciones aplicadas a su propusor, el conocido monocilíndrico monoárbol de 279 cc, 4 válvulas y refrigeración líquida, que ahora cuenta con unos nuevos conductos de admisión y escape, así como una centralita de la inyección PGM-F1 reprogramada, cojinetes de baja fricción, nuevo perfil del árbol de levas, diversos ajustes internos para refinar la presión de alivio de aceite y un alternador de menor salida (de 22,5A a 20,5A) gracias a las luces de LED.
Con todo ello se ha ganado en respuesta a bajo y medio régimen, aunque ha sido a costa de sacrificar sensaciones en alta: Honda declara en el nuevo SH300i 25,2 CV de potencia a 7.500 rpm y 25,5 Nm de par motor a 5.000 rpm, cuando para su predecesor había establecido 27,2 CV y 26,5 Nm a 8.500 y 6.000 rpm respectivamente. Ciertamente, la diferencia es importante, pero la ganancia de las curvas de potencia y par justo en los regímenes en los que más falta hace merece la pena. Además, esa mejora de rendimiento en las zonas más utilizadas en la conducción diaria redunda en una sensible rebaja de los consumos de 30,6 km/l a 33,3 km/l, lo que se traduce en una automía de 300 kilómetros con un depósito de 9 litros (antes eran 270 kilometros). Del mismo modo, las emisiones son más contenidas y, de hecho, éste es el primer modelo de Honda que cumple con la norma Euro4, que entra en vigor en 2016.
Otro de los aspectos en los que se ha trabajado es en el nuevo bastidor de acero, ahora con una distancia entre ejes de 1.438 mm (16 mm más larga) y que permite, por fin, alojar un casco integral bajo el asiento. El ángulo del motor se ha bajado 1°, la horquilla telescópica delantera es de 35 mm y los amortiguadores traseros, montados sobre un robusto basculante de aluminio tienen ahora un recorrido de 44 mm (antes 52 mm). Además, el sistema articulado Oleo, montado bajo el motor, mejora el tacto de conducción y la absorción de baches. Además de las irrenunciables llantas de aluminio de 16 pulgadas, ahora el ABS de dos vías es de serie para ayudar a los discos de freno, de 256 mm de diámetro en ambas ruedas.
Curiosamente, ahora que se puede guardar el casco bajo el asiento, la marca ha decidido montar el topbox acolchado de 35 litros de serie, lo que multiplica las posibilidades del scooter de la marca japonesa, al que se ha incorporado incluso la llave inteligente (Honda SMART Key), un mando electrónico que permite arrancar el motor sin sacarlo del bolsillo.
¿El precio? Unos muy razonables 5.689 €, teniendo en cuenta que es aproximadamente el mismo P.V.P. del modelo al que sustituye.




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