Raymond Blancafort
Siempre he creído en la moto urbana eléctrica, preferentemente scooter claro. No sólo tienen las prestaciones adecuadas sino que su autonomía es suficiente para los desplazamientos que habitualmente hago en un día.
Un “amor” que ha crecido ahora que el llenar el depósito de mi scooter habitual se ha encarecido más de 30 %. Si hace un par de años con seis euros llenaba sobradamente el depósito el otro día –eso sí, a punto del ‘seco total’- necesite 9. La electricidad equivalente apenas habría costado 60 centimos.
El problema está en repostar, hacer el lleno de batería. Al lado del despacho tengo un par de puntos de recarga, pero al lado de casa, ninguno en tres manzanas a la redonda. Ni siquiera me queda el recurso de pedir a la comunidad de vecinos permiso para una toma de corriente para recargar las baterías por cuanto mi plaza de parking no está en el mismo edificio donde tengo la vivienda.
Por eso me llamó la atención el Honda Motor Compo que la marca japonesa mostró en el Salón de Tokyo. No por su línea. Tampoco se si será muy cómodo de manejar. Pero estos dos detalles son los que menos importan. La gracia está en la idea: una batería extraíble que te puedes llevar a casa y recargarla allí con total tranquilidad (y a la vez seguridad, porque ejerce de antirrobo: sin batería la moto no funciona).
No es una idea original. China está “infectada” de pequeñas motos eléctricas, algunas producto casi de “bricolage” por no decir de juguete, que funcionan con baterías convencionales que los chinos recargan cada día en su domicilio. Engendros muy sencillos, que cumplen su función.
Honda, evidentemente, no podía conformarse con eso. La batería es un ‘pack’ de células de ion-litio, pensado para ser extraído o conectado con facilidad y que promete ser bastante ligero para su autonomía. Seguramente esto condiciona su forma.
Sin duda, una vía práctica e interesante para popularizar los scooters eléctricos.


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