A Cabo Norte en moto: Entre la apuesta y el reto (1ª Parte)

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Antes de emprender nuestras vacaciones, inauguramos una emocionante serie de crónicas que nos sumergirán de lleno en el épico viaje de Miguel A. Ortiz rumbo a Cabo Norte. Este icónico cabo noruego, situado en uno de los puntos más septentrionales de Europa, marcará la meta de esta apasionante aventura protagonizada por Miguel, quien se embarca en esta travesía junto a dos compañeros moteros que compartirán con él cada kilómetro del recorrido.

Este es el primer capítulo de la aventura:

Atravesar el viejo continente de punta a punta es una de esas historias que todo motero quiere realizar alguna vez. Y como casi toda empresa que se precie, la nuestra también nació en el calor de una hoguera allá por el lejano noviembre del pasado año. Entre la apuesta y el reto, y con la osadía del viajero con alma aventurera, decidimos que haríamos este viaje único en muchos aspectos. Así que después de irle dando forma poco a poco y organizando el transporte de enseres, casi sin darnos cuenta nos encajamos en la fecha señalada. Ahora sí es el momento. Llegó el día.

Nuestro planteamiento para el viaje consiste en apretar la subida haciendo vías rápidas con el propósito de llegar a Cabo Norte lo antes posible, y el regreso será el momento de visitar rincones y paisajes de una geografía tan peculiar como hermosa. Así arrancamos la primera etapa temprano para evitar el calor propio de finales de julio en la medida de lo posible, pero sobre todo porque para cubrir desde Barcelona a Nancy y llegar a una hora decente para ducha, cena y descanso, era necesaria cierta celeridad.

Algo más de 1000 kilómetros que dan para el pensamiento más íntimo en la soledad de tu casco, donde el murmullo continuo del motor genera la sincronización de tus emociones con las vibraciones de tu moto. Es una armonía tan adictiva que a veces asusta. Pero tan hermosa, que una vez que la pruebas, repites. A lo largo de tantas horas de viaje, una cosa sí queda clara…. Te ha de gustar mucho la moto para hacer semejante salvajada.

La segunda jornada fue más de lo mismo. Horas de interminables carreteras en las que atravesamos una Alemania con un intenso volumen de tráfico, que empezó a clarear coincidiendo con nuestra entrada a Dinamarca. Allí hicimos nuestra segunda noche, y cargamos pilas para una tercera etapa donde dimos un poco más de notoriedad a carreteras secundarias que, si bien convierten el paisaje en algo más ameno, aumentan tu cansancio sobre la moto.

Destacar de este día la magnificencia del puente de Oresund, y nuestro primer viaje en Ferry. Llegamos a destino de la tercera jornada en Suecia sabiendo que en dos días más llegamos al ecuador de esta aventura.

Cabo Norte nos espera.

Crónica realizada por Miguel A. Ortiz (Motoclub Motrix)

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