La crónica de nuestra RodiBook 2026: Fiel a su esencia

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Un 15º aniversario bien vale un evento a la altura. Los jóvenes al cumplir 15 años celebran intensamente la vida con una buena fiesta, y así lo hizo Rodi con su RodiBook, vivirla y hacerla vivir intensamente a todos los que participamos en ella. La edición de este año llegó con muchos cambios, pero con la esencia intacta de un evento que ha logrado ser la referencia absoluta del mototurismo internacional.

Como cada año desde ese ya lejano 2012, cuando dejamos atrás la canícula veraniega y llega septiembre, el panorama mototurístico entra en efervescencia gracias a un evento tan único como su organización. La RodiBook, la “Rodi” como la conocemos en el argot, es una cita imprescindible que se espera con ansia de año en año porque el equipo que la organiza, con Jordi Esteve a su cabeza, ha tenido siempre clara una voluntad de excelencia y superación en la calidad del evento que no ha empañado en absoluto el espíritu de descubrimiento y hermandad que debe tener toda buena concentración motorista para conseguir llegar al corazón de todos. Es gracias a ese trato humano que la Rodi sigue siendo la motoruta líder en nuestro país, porque a pesar de haberse convertido a través de sus 15 ediciones en un trasatlántico gigantesco con más de 1.500 inscritos y una larga lista de espera, el evento organizado por Rodi Motor Services se hace querer siempre.

Cambios notables

Este año hubo algunas cosas, de todas formas, que se nos hicieron extrañas. La primera y más evidente: el cambio de ubicación y fechas del evento. Tras más de una década teniendo Vielha y la Val d’Aran como epicentro, y reservándonos el primer fin de semana de septiembre para ello, los organizadores movieron el circo hacia un entorno igualmente idílico y seductor: L’Aínsa, en el Pirineo de Huesca los días 18 y 19 de septiembre. Un pueblo de belleza arrebatadora y pasado histórico trascendente que se rindió a los encantos de la RodiBook desde el inicio de la fase de organización. Dio un poco de pena decirle adiós a Vielha, pero el trueque por el pueblo oscense salió a sumar. Y desgraciadamente para todos (pero por “suerte” para Rodi), el cambio climático ayudó a no comprometer en absoluto la climatología esperada para tratarse de unas fechas bien entradas en el noveno mes del año, a las puertas del otoño y en el Pirineo.

Otro cambio significativo atañía al siempre querido y a veces añorado road book: por primera vez, oh anatema, una de las rutas propuestas podía seguirse a través de nuestro teléfono o tableta cargándole un track en archivo GPX. Puede parecer una traición a una forma ancestral de navegar que era la razón de ser del evento desde sus inicios, pero también hay que saber verlo del modo más optimista, y es que esa modernización permite que nuevas hornadas de motoristas abracen con mayor comodidad y disfrute la aventura, abriendo el abanico a motoristas que quizás no se sientan preparados para manejar un road book mientras conducen su moto. Es cierto que navegar con un track se hace mucho más previsible y seguro, mucho menos romántico y añejo, y sobre todo más tecnológico y fácil. Pero desde luego, es un avance imparable ante el que Rodi no podía quedarse fuera por más tiempo. Tranquilos, nostálgicos: el resto de rutas (dos de carretera y tres de offroad) siguieron distribuyéndose en road book, digital, eso sí. El papel pasó a la historia…

El tercer cambio, o más bien incorporación, remarcable fue que, tras la tradicional cena final, la fiesta no concluyó con el habitual “Hasta el año que viene”, sino que hubo concierto hasta las tantas para convertir realmente la RodiBook en una verdadera fiesta. Lástima que no tuvo el éxito de convocatoria deseado, seguramente porque muchos de los que participamos en la ruta andábamos como almas en pena tras un intenso día de moto y habiendo llenado nuestros estómagos con el delicioso asado de ternasco buscábamos más la cama que la copa. Pero, aun así, y gracias a una acertadísima selección musical basada en rock tradicional firmada por el grupo de versiones local The Bad Fathers, consiguió animar el cotarro hasta bien entrada la madrugada. ¡Puntazo!

Y de la ruta, ¿qué?

Pues la ruta… sobresaliente, como nos tiene acostumbrados Rodi con su evento estrella. En nuestro caso escogimos el novedoso recorrido track GPX, que, si bien es menos aventurero, te pone las cosas muy fáciles, elimina el estrés de no saber hacia dónde nos dirigimos y aumenta el relax en la conducción. ¡Son otros tiempos!

En la jornada del sábado 19 de septiembre, empezamos en L’Aínsa, diez minutos antes de las 8:00h, a lomos de una roja y espectacular Moto Morini XCape 1200 cedida para la ocasión por el concesionario de la marca en Barcelona Oriol Motos (en el recuadro os contamos más cosas sobre esta llamativa moto). Para navegar por el recorrido GPX, usamos en esta ocasión el Beeline MotoII (recuadro), un dispositivo innovador y minimalista pensado para convertir la navegación en moto en una experiencia diferente. El atronador sonido del V2 Corsa Corta Evo de la Morini pedía paso mientras nos dirigíamos en dirección sureste hacia la vecina población de Campo. Un poco antes, nos desviamos en dirección sur hacia Graus por la A-139. Recorrido tremendamente plácido hasta ahí, incluso demasiado cómodo para tratarse de la RodiBook. Viramos en dirección oeste/noroeste hacia Panillo, Troncedo, Mediano y por la A-138 hasta L’Aínsa de nuevo. Un bucle muy sencillo que parecía puesto en la ruta solo para llenar kilómetros. De hecho, la liviandad de este bucle fue algo comentado entre los participantes en esta modalidad: no honra la imagen atrevida e intrépida que acompaña tradicionalmente a la RodiBook. Por suerte, solo fueron los primeros 120 km de ruta…

Tras el primer control en Boltaña, seguimos en dirección oeste hacia Sabiñánigo por el Eje Pirenaico N-260, donde dimos de beber por vez primera a la XCape 1200. Resultó ser un poco glotona, aunque para no ser injustos, como os podéis imaginar, tampoco iba al ralentí… Desde ahí, tomamos dirección norte hasta Biescas, donde estaba situado el segundo punto de control en el complejo Biescas Aventura, apenas 50 km después del primer punto de control. Ahí nos esperaba un DJ para hacernos la parada más amena y darnos un bailecito con el que desentumecer los músculos. Aprovechamos para tomar un ligero tentempié y… ¡a seguir!

Seguimos en dirección norte hacia Sallent de Gállego, Formigal y cruzamos a Francia por el puerto del Portalet, un clásico del evento, que enseguida nos dio paso a las siempre divertidas y entretenidas carreteras francesas de los Pirineos Atlánticos: Lago de Fabrèges, Goust, Col d’Aubisque (imprescindible), Col de Soulor, Arrens Marsous hasta alcanzar sobre las 14:30h el pueblo de Argelès-Gazost donde nos esperaba el 3º punto de control de la ruta, tras 4 horas de conducción, algo más de 6 horas desde nuestra salida de L’Aínsa y unos 290 km recorridos, lo cual significaba haber alcanzado aproximadamente dos terceras partes del recorrido completo.

Enfilamos hacia el sur hasta Luz de Saint Sauveur y después hacia el este, hacia el techo de nuestro recorrido GPX: Super Barèges y el Col du Tourmalet, a 2.115 msnm, ¡cómo no! Las increíbles rampas de este puerto de primera categoría legendario nos trajeron también algo de frescor a una jornada que se caracterizó por no ser excesivamente cálida, pero desde luego mucho menos fría de lo que sería habitual para la época del año en el Pirineo, con temperaturas que por momentos se acercaron peligrosamente a los 30 °C.

Se nos hizo corto

El descenso hasta Sainte Marie de Campan fue la antesala a la escalada al tercer gran puerto de montaña en Francia, el imperdible Col d’Aspin, que nos llevó a un descenso fulgurante hasta la población de Arreau. Tradicionalmente hubiéramos enlazado ahí hacia Bagnères de Luchon para ir en dirección a Vielha, pero en esta RodiBook con tantos cambios, la Val d’Aran nos quedó lejos… así que íbamos a reentrar en España por el espectacular túnel de Aragnouet, dirección sur hasta Bielsa y desde allí, una A-138 sin secretos nos guió plácidamente hasta L’Aínsa de nuevo, cerrando el recorrido track GPX en el punto de partida. Llegamos ahí bastante antes de las 18h de la tarde, algo casi inaudito para lo que nos tiene acostumbrados la organización de la Rodi, que siempre busca que podamos gozar de la noche estrellada del Pirineo montados en moto antes de llegar al punto de destino. En total, 448 km, 6:18h de conducción y algo menos de 10 horas de jornada.

Es por eso y por el alto ritmo de circulación por la mayor parte de recorrido (registramos una media de velocidad de 71 km/h, lo que da idea del frenético ritmo de la ruta) que nos dio la sensación que esta RodiBook GPX se nos hizo más liviana y llevadera que la media. Cierto es que la XCape 1200 nos ofrecía una ergonomía cómoda y natural, un chasis solvente y sorprendentemente ágil para lo pesada y grande que es, un motor poderoso y rápido con el que devorar kilómetros es un juego de niños, y que gracias al Beeline MotoII y a usar un track para navegar, las posibilidades de error en la ruta se reducen al mínimo y eso redundaba en conducir horas y horas sin sufrir rigor alguno. Pero es igualmente cierto que la organización quiso asegurar que los más de 1.500 inscritos (64 de los cuales fueron chicas) reingresaran al punto de llegada en un horario razonable para agilizar la reagrupación de la mayor parte de participantes, de forma que la fiesta de la cena final fuera lo más completa posible.

Aunque visto en perspectiva, que el recorrido pase rápido garantiza que nos quedemos con ganas de más moto… será por eso que ya estamos esperando la cita de 2027, para la que aún no hay fechas, pero es más que probable que se repita escenario dado el éxito cosechado.

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Berton
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