¿Sabremos gestionar nuestra propia madurez? No falla. Cada vez que el sector de la moto saca pecho y las cifras de ventas dibujan una curva ascendente —tan vertical y emocionante como la mítica subida al monte Jaizkibel durante el Punk’s Peak—, aparece el coro de Casandras anunciando el fin del mundo. Venimos de un 2025 que ha sido, sencillamente, para enmarcar. Con 265.220 unidades matriculadas, el sector ha firmado su mejor ejercicio desde 2008, consolidando un crecimiento del 7%. No son solo números; es la confirmación de que la moto ha ganado la batalla de la relevancia social.
Dentro de este festín de datos, el escúter sigue siendo el gran protagonista con un crecimiento del 12,9%, representando ya casi la mitad de las ventas totales. Pero si miramos más allá del brillo del concesionario, el mercado de ocasión nos da la verdadera medida de nuestra fuerza. Con más de medio millón de transferencias en 2025, la ratio es demoledora: se venden dos motos usadas por cada una nueva. Este fenómeno, lejos de ser un síntoma de debilidad, es el que realmente está ensanchando la base de motoristas.
Si nunca has conducido tu moto bajo la lluvia, nunca has conducido realmente.
Aquí entra en juego el factor de las nuevas marcas asiáticas. China e India han roto el tablero de juego, permitiendo que miles de usuarios —desde jóvenes con ganas de libertad hasta el fenómeno del “renacido” que vuelve a las dos ruedas tras años de ausencia— accedan a monturas nuevas por 5 o 6.000 euros. Quizás no puedan permitirse la sofisticación extrema de una máquina europea de 20.000 euros, pero “hacen el hecho” con una calidad y un equipamiento que democratiza el asfalto. El resultado es un ecosistema mucho más poblado y diverso.
A este empuje industrial se le suma una pulsión vital pospandémica: la resistencia feroz a sacrificar el ocio. Así andan siempre llenos restaurantes, coctelerías y tardeos de discoteca. El motorista actual ha decidido que quizás recortará en otros gastos, pero el placer de rodar es innegociable. “Que nos quiten lo bailao” es el lema de un mercado que ha visto cómo el segmento del trail y la aventura offroad dejaba de ser un coto privado para expertos para convertirse en el patio de recreo de casi cualquier aficionado.
Sin embargo, al entrar en este 2026, el ambiente se ha cargado de una electricidad estática incómoda. Es el runrún del crack económico. ¿Debemos asustarnos? Los datos más recientes dicen lo contrario: hemos arrancado el año con un incremento del 13,3% en las matriculaciones. Es una bofetada de realidad frente al pesimismo. Pero atención, porque la verdadera gestión empieza ahora. Con un parque cuya edad media roza los 18 años (un auténtico disparate para la seguridad vial), el taller en particular y el profesional en general tienen ante sí una responsabilidad histórica. Y una brillante oportunidad de negocio, para qué negarlo.
El 2026 no es el año del miedo, sino de la gestión quirúrgica. Es el momento de que el profesional cuide el servicio posventa, que es el verdadero pulmón del sector cuando la economía se pone tensa. Si sabemos leer el cambio de ritmo, la tendencia alcista seguirá su curso. Porque en el Jaizkibel, como en el mercado, lo único que no se puede hacer cuando la niebla aprieta es dejar de mirar hacia la siguiente curva. Seguimos rodando.
¡Gas y V’s!



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