Todo pasa y todo queda. laEdito 326

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Si le pedimos a un niño que diga cuánto tiempo le parece un año, seguramente nos dirá que una barbaridad. A nuestra edad, un año pasa volando. Y dentro de un par de décadas, si la salud o la moto nos lo permite, sumaremos años como quien come rosquillas. Quien espera, desespera, dice el dicho.

La teoría de la relatividad temporal nos sirve para poner en perspectiva la endemoniada cuenta atrás en la que las autoridades sobre todo europeas nos habían hecho entrar desde hace aproximadamente una década con la excusa de la Agenda 2030 para deshacernos de los motores de combustión interna, incluidos los de las motos, y abrazar incondicionalmente la fe en el vehículo eléctrico como dogma incuestionable para todo y para todos. ¡Qué loco!

“Sobre una moto no haces lo que quieres, sino lo que la moto te deja”.

No es que en MotoTaller seamos electricoescépticos, vaya por delante. Creemos que los vehículos eléctricos tendrán un espacio importante y destacado en la movilidad sobre todo urbana en los próximos años y décadas, y que ese paso que tímidamente vamos dando hacia la electrificación no tiene vuelta atrás. Pero eso sí, somos realistas. Y sabemos, por más que intenten vendérnosla, que la moto eléctrica no puede ser para todos ni en todas las circunstancias ni en todos los momentos de la vida de las personas. Llamémosle sentido común, que bien sabemos que es el menos común de los sentidos, como sabiamente aseveró Oscar Wilde.

Esa fiebre del eléctrico, intencionada y promovida por unos cuantos lobbies, entre los que hay muy claramente las energéticas, hoy en día parece encontrarse en una fase de real politik, de hechos tangibles y de menos “calzadores”. De eso nos alegramos y creemos firmemente en que la sostenibilidad no se basa en obligar a que todos los usuarios deban comprarse de un día para otro un vehículo de cero emisiones, empujando a los vertederos a miles, millones, millardos de vehículos de combustión interna perfectamente útiles que seguramente contaminarían bastante menos si se pusiera el acento más en el mantenimiento preventivo y la vigilancia real de sus emisiones que en su año de fabricación. Eso no es ni sostenible ni ecológico ni siquiera ético.

Así está ahora el segmento de las motos eléctricas, desplomándose mes tras mes. Y no nos alegramos en absoluto, pero es que era casi una cuestión de perogrullo, que tenía que caer por su propio peso. Debe volver a cifras de crecimiento orgánico, no adulteradas por flotas ni por planes artificiales, sino por demanda real de mercado y convencimiento de sus compradores.

El que nos apena de verdad que vaya perdiendo comba es el ciclomotor, cuyas caídas provocan incluso silbidos del viento a su alrededor. Estamos equivocados si no sabemos ver en los pequeños 49cc la semilla de los futuros motoristas, los que nos darán trabajo y sustento en las próximas generaciones. Incluso eso pasará, pero no sabemos si quedará mucho tras ello.

¡Gas y V’s!

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