BMW S 1000 RR

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No parecía posible mejorar lo que ya era soberbio, pero si hay especialistas en llevar más allá de sus propios límites los productos que diseñan esos son los alemanes de BMW. Nadie les creyó capaces de desarrollar, anclados como estaban en sus motores bóxer, una deportiva como mandan los cánones para ofrecer resistencia de veras en el campeonato de Superbikes. Pero lo hicieron y no se limitaron a aprobar el examen, sino que crearon una de las hiperdeportivas más efectivas y resolutivas del momento. 193 CV para 204 kg. Y el motor es solo el principio.

Aunque ya lleva algunos años entre nosotros, la S 1000 RR nunca dejará de sorprendernos. Tras el breve remoce que recibió en 2012, entraron en la paleta dos nuevos colores, una electrónica de gestión revisada a fondo para mejorar el par y el rendimiento en medios regímenes y mínimos cambios en geometrías de suspensión y dirección y en el tacto del ride-by-wire haciendo el acelerador más duro y con menos recorrido. No fueron cambios de significación, sino matices para refinar lo que ya iba soberbiamente fino, especialmente para conseguir un comportamiento más estable en pista y mejorar el tacto del motor en los típicos baches de potencia (si es que en esta moto pueden llamarse así) de las tetracilíndricas, esto es, en bajos y medios regímenes de giro.
Siendo la S 1000 RR una moto alemana es fácil parapetarse en la sesudez y componer un argumentario técnico que nos justifique lo precisa, técnica, refinada, ajustada que es. Pero eso te arruinaría la lectura y me aburriría mortalmente. Así que intentaré hablarte de las sensaciones crudas, cortantes e irracionales que el pilotaje de esta superbike muniquesa hecha en Berlín despierta en todo motero.

Intenciones serias
Voy a ser franco, a sabiendas que no a todo el mundo gustaré con mis palabras: la BMW S 1000 RR estéticamente no es lo más. Es atractiva, sí, pero demasiado alemana. La asimetría de su diseño es probablemente la única audacia que se permite. Por lo demás, no es más bonita que otras hiperdeportivas. E insisto, hablo de belleza en mayúsculas, de fluidez de líneas, de llegar a la emoción del que mira con las meras formas.
Lo que pasa es que su actitud agazapada, con esa zaga tan alta, la parte delantera encarpada y las bránqueas del flanco derecho amenazantes, ya te cuentan que no estás ante una chopper y que su espíritu es el de un deportista de élite. Y en eso no engaña.
Te sientas en ella y lo primero que notas es su bajísimo peso y su posición de conducción sin matices. Vas a ir a por todas con ella, porque así te lo pide tu cuerpo cuando se acopla al suyo. Ojo, los tipos o tipas grandes van a sudar candela con el ejercicio a que te obliga la S 1000 RR. Sólo tienes que ver las fotos…
Das contacto. Arrancas. Y empieza el baile. El galope de sus 193 CV se cuela por tu oído interno y ya no te deja pensar con claridad.
Borbotones de adrenalina
La BMW S 1000 RR es una moto que hay que tomar con moderación, porque es tu responsabilidad. Engranas primera, das gas, sueltas embrague (por cable, ¡qué pena!, aunque no hay achaque posible) y entonces das gracias a los ingenieros (esos sesudos alemanes) por haber integrado un control electrónico de wheelies para mantener la rueda delantera pegada al asfalto en aceleraciones brutas. Porque todas las que hagas con esta BMW son así: salvajes. Con la opción del shifter (que debería ser de serie) las marchas suben con frenética continuidad. Apenas caen 500 rpm entre una marcha y otra, lo que da idea de las estrechas relaciones del cambio. No intentes llevar el motor al límite (por encima de las 14.000 rpm) o despertarás a la bestia. En esos regímenes, incluso en una marcha muy corta estarás a velocidades por encima de 200 km/h y rezando para que no se acabe el asfalto.

Todo encaja
Pero la potencia no sirve para nada si no tienes cómo canalizarla. Y en la S 1000 RR lo más cuidado no es sólo el motor, sino muy especialmente la parte ciclo. Saltas sobre las curvas al milímetro, encadenando una tras otra como si las ruedas fueran escalpelos de precisión. Su límite está tan arriba que te da vértigo el simple hecho de pensarlo.
¿Toca frenar? Pues dale sin miedo a la maneta derecha y te encontrarás lo mejor: una bomba radial Nissin y unos cálipers Brembo Oro de cuatro pistones y anclaje radial que muerden sus discos como si les fuera la vida en ello. Y a pesar de su potencia, podrás dosificarla dulcemente y sin miedo.
Hay motos en las que tras invertir casi 20.000 € cuesta encontrar en qué se han fundido tantos euros… No es el caso de esta BMW. Sin duda, hay superbikes más económicas, pero es muy, muy difícil encontrar alguna mejor. ¿En el cielo, quizás?

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