Manel Kaizen evalúa los guantes calefactables Seventy Degrees SD-T39

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Nuestro motero de referencia, Manel Kaizen, nos ofrece un completísimo análisis de los guantes calefactables Seventy Degrees SD-T39, para combatir el frío:

La firma española Seventy Degrees nació hace pocos años para ofrecer una alternativa “low-cost” a aquellos motoristas que buscan una equipación digna sin que les cueste un ojo de la cara. A día de hoy, tienen todos los frentes cubiertos: chaquetas, pantalones, guantes y botas conforman un catálogo escueto a la vez que honesto.

Aprovechando los rigores del invierno, es un buen momento para probar los guantes calefactados SD-T39, los únicos de este tipo que hay en su catálogo junto a su “clon” femenino, el SD-T41. Recién sacados de su embalaje, la primera impresión es la ya comentada en el primer párrafo: materiales austeros, pero indudablemente diseñados por gente que tiene el culo pelado de ir en moto. El ensamblaje en Pakistán explica en parte el secreto de su contenido precio.

Tienen la capacidad de autogenerar calor gracias a unas baterías recargables.

Sigamos con el análisis: caña larga-larga, indispensable si hablamos de un guante de invierno, piel analine en la palma, protección termoplástica en los nudillos, punta del índice compatible con toquetear pantallitas y un práctico reborde limpiaviseras. Ajuste de velcro en muñeca, y cierre por goma elástica en la boca del guante. Membrana impermeable Softshell de tacto algo tosco, no olvidemos que esto es un Dacia, no un Audi.

Pero vayamos a la auténtica raison d’être de estos guantes, que no es otra que la capacidad de autogenerar calor gracias a unas baterías recargables; éstas son de un tamaño tal vez demasiado grande para la autonomía que ofrecen, aunque es cierto que están bien escamoteadas en la parte inferior de la caña. Los “jacks” de conexión son tipo USB, con lo que aportan una de cal (modelo universal), y una de arena (las clavijas macho y hembra son muy voluminosas, lo que sumado a las baterías “gordas” llevan a casi colapsar la capacidad del compartimento). Tiene tres intensidades de calor, accionables desde un botón en el dorso de la caña de fácil accionamiento.

El embalaje se complementa con un cargador de 220 voltios/USB, con el que podremos recargar las dos baterías de manera simultánea.

Una vez probados con frío y bajo la lluvia, su impermeabilidad y eficacia calórica han quedado certificadas. El tacto es aceptable, pese a que ya sabemos que ese compromiso es complicado en un guante de invierno. Si ponemos el regulador térmico a toda potencia, la batería durará unas dos horas, autonomía que se duplica si elegimos la posición de mínimo calor. A la hora de recargar las baterías, y si éstas están completamente vacías, el proceso se eterniza durante horas: existen baterías más compactas y de carga mucho más rápida, pero el precio no sería el mismo…

En resumidas cuentas, el SD-T39/SD-T41 son una interesante opción para quien quiera combatir el frío en las manos de manera completa (los puños calefactables sólo actúan en la palma), y económica: de acuerdo, las manoplas de toda la vida van fenomenales y cuestan una tercera parte, pero… ¿soy el único que las encuentra engorrosas, y más feas que la parte de atrás de una nevera?

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