La Copa de España de Clásicas está dejando este 2025 momentos vibrantes, de esos que mantienen viva la pasión por las mecánicas legendarias, el olor a goma y el sonido inconfundible de motores que hicieron historia. Sin embargo, la segunda carrera del campeonato, celebrada de nuevo en el icónico Circuito del Jarama, ha terminado empañada por una sanción que deja al paddock dividido y a un piloto con la miel en los labios.
Juan Bultó, heredero de una estirpe con nombre propio en la historia de Bultaco, firmó un fin de semana sobresaliente: pole position y una victoria contundente sobre el asfalto madrileño. Nadie pudo seguir el ritmo de su máquina, afinada hasta el último detalle para mantener viva la esencia competitiva de las dos tiempos clásicas.
Pero tras el rugir de los motores llegó el silencio incómodo de los despachos. Una reclamación presentada por Andrés Serrano Más, único piloto en alzar la voz, desató la tormenta: tras la inspección técnica, los comisarios aplicaron el artículo 4.7 del reglamento, que establece que “los motores se pueden modificar libremente y/o ponerles componentes modernos interiormente, pero todas las partes externas visibles deben tener el aspecto original de la época”. ¿El motivo? El eje de cambio de la Bultaco de Bultó asoma por la derecha y no por la izquierda, rompiendo, según la interpretación más estricta, la coherencia estética original.
Lo más sorprendente es que esta misma moto fue revisada y homologada por la Federación antes de arrancar el campeonato. La primera cita se saldó sin incidentes, pero en esta segunda prueba la queja de Serrano Más ha reavivado viejas tensiones.
Desde el Bultaco Racing no han tardado en mover ficha. El equipo ha interpuesto recurso y apelación para defender la legalidad de la moto y el trabajo que hay detrás de su puesta a punto. Por ahora, la descalificación se mantiene de forma cautelar, a la espera de una resolución que podría devolver a Juan los puntos arrebatados en el Jarama y permitirle seguir en la lucha por el campeonato, cuya próxima parada será el 31 de agosto en Calafat.
En este mundillo, donde la pasión por la mecánica clásica se mezcla con reglamentos que buscan proteger la autenticidad, cada detalle cobra un valor sentimental y competitivo incalculable. Un simple eje de cambio puede poner patas arriba meses de trabajo, ilusión y respeto por una herencia deportiva que muchos se empeñan en mantener viva.



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