Cuando una moto tiene tanto éxito en el Mundial de MX300, tiene que ser por algo. Así quiso averiguarlo Ramon Brucart y por ello se montó en la Husqvarna TC250, una auténtica bestia salvaje con 48 «pencos» de pura potencia dos tiempos. Gracias a un chasis muy bien trabajado y unos componentes de primera, puede disfrutarse con mínimas garantías de un motor demasiado rabioso, muy puntiagudo que requiere mucho tacto de acelerador para dominarlo y exprimirle todo el jugo. Además, el durísimo asiento no facilita que nos encontremos cómodos sobre la moto, con lo que la postura es a menudo forzada.
Cuando una moto tiene tanto éxito en el Mundial de MX300, tiene que ser por algo. Así quiso averiguarlo Ramon Brucart y por ello se montó en la Husqvarna TC250, una auténtica bestia salvaje con 48 «pencos» de pura potencia dos tiempos. Gracias a un chasis muy bien trabajado y unos componentes de primera, puede disfrutarse con mínimas garantías de un motor demasiado rabioso, muy puntiagudo que requiere mucho tacto de acelerador para dominarlo y exprimirle todo el jugo. Además, el durísimo asiento no facilita que nos encontremos cómodos sobre la moto, con lo que la postura es a menudo forzada.

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