Riders on Road es una aventura mototurística, apta para cualquier tipo de moto, que discurre por rutas emblemáticas y carreteras recónditas de Asturias y León. Organizada por Moto Sport Ángel y con el patrocinio de Larsson, la Riders on Road celebró su primera edición con gran éxito y afluencia el pasado 9 de junio, dentro del marco de actividades del Gijón MotoWeekend, la fiesta de la moto por excelencia del Principado de Asturias.
Y allí estuvo la que suscribe, disfrutando cada kilómetro a lomos de una Yamaha Tracer 700 cedida por Expomoto del Cantábrico, dispuesta a contaros cómo fue esta trepidante aventura on road por el Paraíso Natural. Seis puntos de control, tres de ellos marcados en el mapa y otros tres a descubrir dentro de los 600 km que conformaban el recorrido, me esperaban a lo largo de una jornada en la que auguraban un catálogo de inclemencias climatológicas.
Descargué la hoja de ruta con el móvil y con MyRoute-app convertí el archivo con el itinerario a un formato compatible con Google Maps. El caso es que, en la mayoría de sitios que elegí para parar, casi no tenía cobertura de datos. Nada que la hoja de ruta, “probemos a tomar esta dirección y si no damos la vuelta” o un simpático lugareño no pudieran solucionar.
El viernes sobre las 17:30, me acerqué al centro de operaciones para realizar las verificaciones administrativas y recoger la bolsa de bienvenida: bolígrafo y mechero de Motul, productos de gran utilidad cortesía de WD40, una camiseta del evento, una braga (de cuello, por si alguien se imaginaba otra cosa) y un lanyard con el pasaporte. Como hasta las 21:00 no empezaba el briefing, fui a llenar el depósito de Tracer y ya puestos me fui a comprar el pan hasta Pola de Siero, por la carretera de La Collada (AS-248).
Alguien estaba tirando calderos de agua desde arriba y la carretera no estaba en las mejores condiciones de disfrute, pero como Seventy Degrees y LS2 me equiparon a la perfección para el fin de semana, la lluvia pasó a ser una preocupación menos. De Pola de Siero tiré hacia Oviedo para preparar los bocadillos y llegué a casa seca por fuera y sin sensación de haberme cocido dentro de la ropa. Dejé todo listo para el sábado y volví a Gijón por el mismo sitio. Una vez de regreso al MotoWeekend, me encontré con mis amigos de Larsson España para asistir al briefing y, de paso, dar una vuelta por el Salón de la Moto a ver qué motos nos traían este año las grandes marcas, la exposición de HRC, los diferentes expositores (tiendas de ropa para moto, simuladores, etcétera) y la exhibición de trial indoor.
Qué ganas de que llegara el sábado…
Después de haber dormido pocas horas, llegó. A las 7:00 salía el primer grupo de motos, pero se me cruzaron los cables con los horarios y aparecí allí a las 7:30, cuando ya habían salido todos los participantes.
– “Si aceleras un poco, pillas a los de la última tanda”, me dijo Ángel.
– “Aceleremos pues”, me respondí a mí misma.
Y me fui cruzando con alguna que otra moto hasta que paré en una gasolinera, donde conocí a Pedro y Vanessa, una pareja muy dicharachera cuya moto se había quedado sin freno trasero. Estaban haciendo todo lo posible para poder seguir en ruta, ya que no hay repuesto que no entre en los recovecos de una Burgman, y tras presentaciones, reparaciones y conversaciones decidimos compartir buen rollo y carretera durante el resto de la jornada. Fijaos qué casualidad, pues Pedro es suscriptor de la mejor revista de motos del mundo mundial desde su taller (Pedro Motos) en Gijón.
Primer tramo: Gijón – Mirador del Fito
Nos dirigimos a Villaviciosa, por la N-632, atravesando El Pedroso. Nos encontramos con 6 km de carretera estrecha, con el firme en muy buen estado y una sucesión de eses muy agradecida. Pasamos Villaviciosa y, por la misma carretera, seguimos hasta Colunga. Un poco más adelante, nos desviamos por la AS-260 hacia el Mirador del Fito, punto estratégico de la ruta y de la tradición motera asturiana, pues allí se celebra, por todo lo alto, la entrada de año.
No me podía ir de allí sin contemplar las vistas una vez más, así que paramos a sacar fotos. Es imposible cansarse de la belleza del Paraíso Natural y, aunque el paisaje se ve espectacular en las imágenes, nada como venir en persona a comprobarlo.
Segundo tramo: Mirador del Fito – Puerto del Pontón
La bajada del Fito se lleva mejor que la subida, pues el asfalto no está tan cuarteado pero las condiciones de la vía se hacen pesadas. Una vez en Arriondas, en lugar de seguir hasta Cangas de Onís, fuimos a Soto de Dueñas para desviarnos hacia Cazo por la carretera de La Matosa (AS-339).
Me encantan las carreteras comarcales que discurren por debajo de las copas de los árboles y, para mi sorpresa, esta no la conocía. La AEMET se portó bien y accedió a concederme esa petición de buen tiempo en la que tanto insistí los días previos, así que los rayos de sol que se colaban por los huecos trataban de secar una carretera que se resistía a evaporar el agua.
En Sellaño encontramos el primer punto de control secreto y a los participantes que habían salido en una de las últimas tandas. Allí perdimos mucho tiempo ya que Vanessa no se encontraba bien y decidí esperar a mis compañeros de viaje. Habíamos empezado juntos y qué menos que acabar esto juntos, así que avisamos a la organización de que seguiríamos detrás de la última comitiva (lo que viene siendo la “moto escoba”, ja, ja).
Una manzanilla, un poco de aire fresco y como nueva, así que pusimos rumbo a Oseja de Sajambre. El Pontón nos esperaba.
Tercer tramo: Puerto del Pontón – Boca de Huérgano
Cómo me gusta este puerto. Las curvas enlazadas de la N-625 y la maravilla de la naturaleza denominada Parque Nacional de los Picos de Europa, hacen que este tramo sea uno de mis preferidos. No nos pudimos resistir a parar en el mirador para contemplar la grandeza del macizo montañoso. Acto seguido, nos dirigimos a Posada de Valdeón por el puerto de Pandetrave (LE-2711), el cual enlaza con el terrible puerto de Panderrueda (LE-2703), para desembocar en Portilla de la Reina. Desde ahí, fuimos a Boca de Huérgano por la vertiente leonesa del puerto de San Glorio (N-621) cuyo firme deja mucho que desear. Quizá algún día, en un futuro no muy lejano, lo arreglen (soñar es gratis, de momento).
Cuarto tramo: Boca de Huérgano – Ujo
Sellamos el pasaporte en el primer punto de control oficial y, disfrutando de las curvas que bordean el inmenso embalse de Riaño, fuimos a la gasolinera a repostar. Volviendo al cruce, nos desviamos en dirección Cangas de Onís por la vertiente leonesa del Pontón (N-625) y, nada más tomar el desvío a Burón, aproveché la maravilla de carretera que une este pueblo con el alto de Tarna (CL-635) para darle a mi cuerpo alegría Macarena. ¡Necesitaba un respiro después de tanta caleya, ja, ja!
Una vez en el alto de Tarna, tomamos el desvío hacia Puebla de Lillo por el puerto de las Señales (LE-333). Se trata de un puerto de montaña corto, de unos 15 km aproximadamente, con un firme hecho trizas. Media hora de descenso por una carretera estrecha, llena de socavones y alguna que otra sorpresa en forma de piedrecillas sueltas o excrementos de animales. Eso sí, con una estampa de fondo espectacular.
Desde Puebla de Lillo fuimos a Cabañaquinta por el puerto de San Isidro (AS-253), uno de los grandes conocidos por asturianos y leoneses, y de ahí a Ujo por la carretera de Caborana (AS-112).
Quinto tramo: Ujo – San Martín de Teverga
Desde Ujo enlazamos con Pola de Lena para empezar a subir La Cobertoria (AS-230). Sin duda, una de mis carreteras favoritas. Un festival de curvas conservadoras y liberales, unidas unas con otras a lo largo de 20 km, hasta que llegas a Bárzana y te preguntas por qué narices se ha acabado, si te lo estabas pasando bomba.
Seguimos el itinerario hasta San Martín de Teverga (AS-228). En el área de autocaravanas estaba el segundo punto de control oficial así como el área de avituallamiento donde nos ofrecieron un bollu preñáu y una bebida isotónica. Allí nos encontramos con otro grupo de participantes y con mis intrépidos compañeros de Larsson España, Luis y Carlos, que ya se estaban poniendo el casco para continuar la ruta. Como teníamos tiempo de sobra para llegar antes del cierre del siguiente punto de control, aprovechamos para descansar, echarnos unas risas y comentar el trayecto rodado hasta el momento con el resto de los aventureros.
Sexto tramo: San Martín de Teverga – Luarca
Después del esparcimiento, seguimos por el puerto de San Lorenzo (AS-265) hasta el cruce de la central hidroeléctrica de Las Viñas. La carretera estaba mojada y las nubes empezaban a amenazar, así que decidimos aminorar la marcha. Nos enganchamos a otro grupo y rodamos con ellos hasta llegar a Aguasmestas. Parecía que la carretera empezaba a secarse, así que decidimos ir un poco más rápido para llegar a Oviñana con tiempo. Después bajamos por el Corredor del Narcea (AS-15) hasta Puente del Infierno (te invito a hacer clic aquí para conocer el origen del topónimo) previo paso por Pilotuerto, punto de encuentro de moteros asturianos a orillas del embalse de La Florida.
Y allí estaba el segundo punto de control secreto del itinerario. De la que sellamos el pasaporte, aprovechamos para hacer una pausa en la cafetería que hay junto al embalse. Después de entretenernos un buen rato, nos dimos cuenta de que íbamos a llegar muy justos tirando a tarde, al último punto de control oficial. Nos enfundamos el equipo rápidamente y pusimos rumbo a Pola de Allande con un poquito de alegría. Íbamos a llegar a tiempo, sí o sí.
De Pola de Allande fuimos hasta Luarca pasando por Navelgas (AS-219). Nada más y nada menos que 58 km de carretera estrecha con curvas reviradas y alguna que otra horquilla de regalo. A ello, sumémosle que se había puesto a llover todo lo que no había llovido durante el día, así que aquí agradecí la amplitud de giro del manillar de la Tracer 700, ya que el mal estado del firme en determinadas zonas así como la presencia de hojas y otros elementos resbaladizos, hicieron que este tramo fuera, a mi parecer, el más complicado.
Llegamos a tiempo, justo antes del cierre, para sellar nuestros pasaportes y poner rumbo a Gijón. Según el plan de ruta, el último tramo discurría por Autovía del Cantábrico (A-8) pero…
¿¡Autovía!? ¿¡En moto!?
Séptimo tramo: Luarca – Gijón
Va a ser que no, así que mis compañeros, buenos conocedores de la zona, me propusieron volver por la carretera vieja y así lo hicimos (lo reconozco, soy de fácil convicción). Si la hora límite para entrar en tiempo eran las 20:30, llegamos a las 20:25, así que…
¡Misión cumplida!
El tercer punto de control secreto era el área de llegada, es decir, el centro de operaciones localizado dentro del recinto del MotoWeekend. Por fin, después de una divertidísima jornada haciendo lo que más me gusta hacer, rodar en moto, tenía mi pasaporte completo con todos los sellos.
Como recompensa, la organización obsequió a todos los participantes con una parrillada en el MotoWeekend para cenar. Fue un gustazo disfrutar de la velada con todos los compañeros de ruta, compartiendo historias de la carretera y disfrutando de la música en directo.
Después de la cena, me reuní con todas las grandes (no de tamaño sino de corazón) personas a las que había conocido, gracias a este evento, para intercambiar impresiones y brindar por el éxito de esta edición: Ángel y Almudena (Moto Sport Ángel), Luis y Carlos (Larsson España), Guillem (campeón de España de quadcross), Pedro y Vanesa (compañeros de ruta), Manu XT (del Facebook a la carretera y viceversa) y otras tantas que me dejo en el tintero. Da gusto respirar tanta pasión por las motos.
Para acabar el fin de semana con la mejor de las sensaciones, el domingo pasé el día entero en el MotoWeekend. Por la mañana dediqué un buen rato al Museo de la Moto Ángel Álvarez “Gelu” (una imagen vale más que mil palabras) y después, di una vuelta por todos los stands de ambos pabellones. Comí en la zona de restauración mientras disfrutaba del concierto de Mermelava y, por la tarde, asistí a la exhibición de Emilio Zamora sobre mojado, a la master class de Lolo Pámanes y al show de freestyle del Lleidés Team donde, cómo no, acabé saliendo de voluntaria durante el espectáculo.
Espero, querido lector, haberte despertado el gusanillo para la próxima edición. No es una ruta complicada, tiene mucho atractivo turístico y, perfectamente, se puede realizar con acompañante. ¿Te animas?
Una crónica de Mar Gómez García (@espinete31)



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