El último fin de semana de junio del calendario motorista nos conduce indefectiblemente al pabellón municipal de Girona Fontajau para participar en la cita imprescindible que cierra la temporada mototurística hasta después del verano. Se trata, por supuesto, de la CromRide, la ruta organizada por CromEvent desde hace nueve años que sigue siendo una referencia en el panorama nacional, tanto para los motoristas catalanes como para el resto del estado y también, y muy especialmente, para los del sur del país vecino, Francia.

En esta su novena edición, MotoTaller volvió a estar presente en la CromRide, fieles como siempre a este formato de motoruta amable y abierta a todo tipo de motos, que es el perfil con el que se ha ido identificando con el paso de los años la CromRide entre el cada vez más creciente elenco de motoeventos presentes en el mercado.
El reencuentro con las carreteras de la provincia de Girona fue como siempre de lo más agradable y entretenido. Por suerte, este año el calor intenso sufrido en ediciones anteriores no hizo acto de presencia, y aunque vivimos temperaturas elevadas, fueron llevables y en absoluto fuera de lo normal, e incluso frescas en algunos tramos por el Pirineo. En total, una ruta de algo más de 500 km que cubrimos junto a Meri Bernal en aproximadamente unas 11:30 horas, a lomos de dos grandes monturas, ambas movidas por el mismo motor bicilíndrico de 750cc con 91 CV, pero con caracteres completamente distintos. Hablamos de la Honda CB750 Hornet que gobernó nuestra querida Meri y de la XL750 Transalp que condujo Ernest Vinyals, nuestro director. Ambas motos lucieron su total adaptación al recorrido, demostrando a manos de la genial piloto de stunt una gran agilidad, precisión y confianza en carreteras de montaña en el caso de la Hornet, mientras la ergonomía, comodidad y dinamismo de la Transalp dejaba sorprendidos a muchos de los compañeros de ruta que nos cruzábamos a lomos de motos mucho más potentes y sofisticadas.
¡Empezamos hacia el sur!

Si algo tenían en común casi todas las ediciones de la CromRide, a parte del punto de partida en el pabellón de Fontajau, era el arranque de la ruta recorriendo la carretera dels Àngels, una vía emblemática de bellísimo recorrido. Pues bien, en 2025 Els Àngels vendría después de ir en dirección sur hacia Caldes de Malavella y Lloret de Mar. Desde esa popular población turística de la Costa Brava (y endiabladamente embotellada por el abundante tráfico) enfilamos hacia Tossa de Mar y posteriormente hacia Sant Feliu de Guíxols, recorriendo parte de la famosa carretera que dibuja la costa hacia el norte. A la altura de Salionç, nos desviamos hacia el norte de nuevo para alcanzar el primer punto de control, en la bella ermita de Sant Grau, cuando llevábamos unos 100 km y 1:30h de recorrido.
Tras la primera etapa, salimos hacia Llagostera, después Romanyà de la Selva, Calonge, La Bisbal d’Empordà, Corçà i después, hacia el oeste por Monells y, ahora sí, la subida a Els Àngels (demasiado buena para prescindir de esta carretera). Girona, Palol de Revardit y Santa Maria de Camós nos acompañaron al segundo punto de control, en la misma orilla del Estany de Banyoles, donde llegamos a mediodía con algo más de 190 km de moto a nuestras espaldas, cuando el calor ya se dejaba notar con intensidad.

Un refresco para despejar cuerpo y mente y nos montamos de nuevo sobre las Honda para seguir hacia Olot por la A-26. Posteriormente, la Vall de Bianya y hacia el norte hacia Camprodón y Setcases para ganar el valle del nacimiento del río Ter y dirigirnos a la estación de esquí de Vallter 2000, en el Pirineo Oriental, donde se situaba el tercer punto de control de la CromRide, en el punto más elevado de la ruta a más de 2.100 metros de altitud, con una agradable brisa fresca que nos vino de maravilla para recuperar algo de aliento en el kilómetro 275 de nuestra ruta, sobre las 14:30h. Descendimos de Vallter por las marcadas paellas de esa carretera hacia Sant Joan de les Abadesses cerrando el bucle de 70 km de subida y bajada a la estación de esquí, algo poco habitual en este tipo de motorutas, ya que rara vez los participantes recorren tantos kilómetros por el mismo trayecto de ida y vuelta.
Tarde movidita
Los nostálgicos del mundo de los rallyes recordarán con una sonrisa el tramo de Alpens-Les Llosses, uno de los más revirados y dinámicos del famoso Rally Catalunya Costa Brava/Daurada. Pues en esta CromRide lo dibujamos al revés, desde Ripoll (donde comimos algo rápido para no entretenernos demasiado) hasta Borredà, donde sellamos el cuarto punto de control y donde el recorrido de la motoruta de CromEvent dibujaba un codo para volver en dirección sureste hacia Alpens, Sant Agustí de Lluçanès y, a través de otro tramo mítico del mencionado rally, La Trona, pasamos por Sant Hipòlit de Voltregà, Manlleu, L’Esquirol, Rupit (otra dosis mayúscula de curvas) para firmar nuestro quinto punto de control en La Vall d’en Bas, en el edificio de Can Trona, junto al pueblo de Joanetes.

En ese punto de control, al que llegamos a las 19h, la denominación de origen Poma de Girona nos obsequió con deliciosas manzanas de la región que llegaban en el momento justo, cuando las fuerzas empezaban a flaquear y una dosis de agua y azúcares naturales llegaron de forma providencial para empujarnos definitivamente a finalizar nuestro reto.
Y el reto, efectivamente, llegaba a su fin tras pasar por Les Planes d’Hostoles, Sant Esteve de Llémena, Llorà, Sant Gregori y alcanzar la capital del Ter desde el oeste, después de unos 50 minutos desde nuestro último punto de control. Coronamos el reto de la CromRide, rodeados de moteros de todo tipo (no solo del trail viven las motorutas), sobre las 20h de la tarde del sábado 28 de junio. Pero el reto no estaba completo si no era cerrándolo con la preceptiva hamburguesa con nachos y guacamole que bajo la sombra del pabellón de Girona Fontajau se ha convertido en imprescindible tradición. Cuando se apagan las luces de la CromRide y las motos se van, arranca el verano y el aroma de vacaciones sobre dos ruedas empieza a asomar en el horizonte. ¡Nos vemos en 2026!
HJC y Sena colaboran en el éxito del equipo MotoTaller en la CromRide

Los más ruteros saben de la importancia de llevar siempre el mejor equipamiento en cabeza. Por eso, en la CromRide nos quisimos vestir con lo mejor en protección llevando cascos de la marca surcoreana HJC. Meri disfrutó de la comodidad y aerodinámica del RPHA 71, un casco integral con visor solar ideal para el sport-touring y que además en su decoración Hapel lucía extraordinariamente atractivo y elegante. Por su lado, Ernest disfrutó de lo más nuevo de la línea de altas prestaciones RPHA, el nuevo casco trail aventura RPHA 60, un casco ligero y aerodinámico que encajaba perfectamente con la Honda Transalp y que en su decoración Dakar era toda una declaración de intenciones.
En ambos cascos, montamos los intercomunicadores de última generación Sena 60S, la nueva plataforma de comunicación con red de malla Mesh 3.0 con los que durante toda la ruta estuvimos conectados y en constante comunicación. No hubo que preocuparse en ningún momento por sus baterías puesto que sus 17 horas de autonomía (o 22 si usamos la conexión por Bluetooth) garantizaron tener siempre energía suficiente. Además, su nueva característica de carcasas intercambiables nos permitió que también estéticamente encajaran perfectamente con el diseño de ambos cascos HJC.



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