¿Qué puede haber más sugerente para un joven aspirante a piloto de RR que ver cómo dos denominaciones tan icónicas como “Ninja” y “Z” están al alcance de los neófitos en esto de las dos ruedas? Kawasaki sabe que estas dos marcas, dos símbolos, son un reclamo aspiracional para muchos de los que conciben la diversión en moto con la rodilla en tierra y la aguja del cuentavueltas más tiempo por encima que por debajo de las 10.000 rpm.
Ocurre que la pasión entiende poco de edades, y la DGT no quiere saber nada de tus prisas por subirte a un aparato de 310 CV y 216 kg como la H2R. Así que, si te acabas de sacar el A2 y eres de los que tiende a pensar en verde y negro, la marca japonesa ha puesto a tu disposición dos aparatos para que puedas foguearte sin tener la sensación de que te falta algo en el puño derecho.
Con las nuevas Kawasaki Z250SL, Ninja 250SL y Z300, la firma de Kobe completa por abajo las familias acaso más emblemáticas de su catálogo, pero lo hace a su manera, es decir, manteniendo intacto su espíritu irreverente, por prestaciones y estética, de sus hermanas mayores que tan buen resultado le está dando (con 1.375 unidades vendidas, la Z300 lidera el emergente segmento de entrada a las deportivas).
Tal y como señala su denominación, las 250SL comparten el mismo motor monocilíndrico 4T de 249 cc, refrigerado por agua, con doble árbol de levas y 4 válvulas, de gran respuesta a bajo y medio régimen. Sus 28 CV de potencia lo colocan un peldaño por debajo de los 32 CV declarados para la Ninja 250R, aunque a cambio regala una curva de par más plana y consistente durante un rango de revoluciones más amplio, que se traduce en una entrega suave y lineal, sin perder por ello las sensaciones de un motor de temperamento muy deportivo.
También comparten instrumentación completamente electrónica y un liviano chasis multitubular de acero (sin el ligero ABS de Nissin de última generación, la Z pesa 148 kg y la Ninja 151 kg), elegido porque es fácil de llevar (a ello también contribuyen los neumáticos, de sección de 100 mm delante y 130 mm detrás) y ofrece una buena estabilidad, además de permitir una mejor disipación del calor.
Una horquilla telescópica de 37 mm delante y una suspensión trasera Uni-Trak equipada con anclaje original de Kawasaki completan un bastidor desarrollado para moverse con una agilidad extrema.
A partir de aquí aparecen las diferencias, que van más allá de la desnudez evidente de la Z. El manillar de la naked, por ejemplo, es más plano y ancho que los dos semimanillares racing con tija perforada de la Ninja, contribuye a esa característica posición de conducción erguida y, a la postre, más fácil y cómoda para el uso diario pese a que la altura del asiento respecto al suelo, de 785 mm, supere en 5 mm la del asiento de una Ninja 250SL en la que se ha trabajado para hacer que la postura sea más agresiva que la de la Ninja 250.
La Z 300, un escalón por encima
La entrada en escena de estas dos pequeñas pero inmodestas deportivas no supone un problema para la nueva Z300, basada igualmente en su homónima de la serie Ninja. Su mecánica bicilíndrica en paralelo de 296 cc se encarga, con sus 39 CV de potencia y 27 Nm de par, de marcar una clara distancia respecto a sus hermanas monocilíndricas. Comparte con ellas, no obstante, una destacada capacidad de recuperación desde bajas vueltas, desmarcándose claramente en alta.
El propulsor se aloja en un chasis con forma de diamante construido con acero de alta resistencia y escuadras de refuerzo, sobre el que se ha montado una horquilla delantera de 37 mm de diámetro y una suspensión trasera Uni-Track, que se apoya sobre un neumático de 140 mm
Como no podía ser de otra forma tratándose de una naked de Kawasaki, en su diseño se ha puesto especial atención a todos los detalles, manteniendo el concepto típico de las Z, “masa delante, minimalismo detrás”: desde el característico carenado compacto del faro multirreflector (este tomado de la Z800), la minivisera del velocímetro o el manillar amplio y plano, a las curvas de los colectores de escape que culminan en un silenciador corto, pasando por el depósito acampanado, los robustos protectores del motor o los reposapiés de aluminio, todo está medido y pensado para que el piloto sienta que lleva una moto verdaderamente especial.
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