Siempre que vamos a Bassella es para disfrutar, sea con la Bassella Race, con el espectacular Museu de la Moto o con los mil y un eventos y cursos que organizan. Solo hay una actividad con la que vamos a sufrir un poco (pero solo un poco, que conste) y esta es la Oktoberbook… aunque la recompensa vale mucho la pena.
En 2021, Bassella Experiences se inventó un formato de motoruta único: un evento en el que se combinaba el encuentro y la comunidad con una ruta por carretera y una ruta offroad, con tres distancias de recorrido en cada una y todas ellas basadas en road book. El colofón de la ruta era una Oktoberfest al más puro estilo bávaro con pretzels, wursts, costillar de cerdo y, cómo no, mucha cerveza. De hecho, el trofeo de finisher era una enorme jarra de litro que preside los escritorios de muchos de nosotros. En esa ocasión, nos estrenamos a lomos de la entonces recién llegada marca china Voge y aunque no completamos el recorrido, la experiencia nos cautivó de forma irremisible.
Tras todos estos años en el dique seco por circunstancias varias, ya tocaba volver al redil, así que nos metimos de cabeza a participar en la edición de este año de la Oktoberbook, celebrada el pasado 24 de octubre, ahora ya únicamente con recorrido offroad e igualmente dividida en tres distancias: la rutilla de 100 km, la rutaca de 300 km (la que escogimos nosotros) y la fakirada de 500 km, algo realmente solo al alcance de los más temerarios. Para nuestra particular gesta, nos acompañó nuestro colaborador habitual Joan “Gongar”, experto en ensuciarse con la moto, y además contamos con la extraordinaria colaboración de CFMOTO a través de su importador Jets Marivent, que puso a nuestra disposición para el evento dos flamantes 1000 MT-X (más información aquí) con las que pudimos disfrutar hasta la extenuación, literalmente.

La fiesta de lo marrón
Ya conocemos la obsesión de los chicos de Bassella por lo marrón en moto. No en vano, Pau Soler, alma mater del evento, es un experto piloto de enduro, con participaciones a sus espaldas en el Dakar y en la Baja Aragón, y su historia personal y familiar está marcada por las competiciones en moto sobre tierra, como la emblemática Bassella Race. Por eso, la Oktoberbook no es un simple paseo por la montaña y aunque no se puede considerar una prueba de enduro, lo más sensato es participar en ella solo si tienes ya cierto nivel pilotando una moto trail o endutrail lejos del asfalto y tomárselo igualmente con paciencia y filosofía, porque más allá de dominar la técnica de pilotar por caminos y senderos, hay que saber navegar bien con el road book, y eso no es para nada fácil cuando te alejas de las carreteras. Y por todo eso, como a Gongar nos une la misma inconsciencia, el viernes 23 de octubre por la tarde estábamos en el Museu de la Moto de Bassella recogiendo nuestras acreditaciones: dorsales 76 y 77.
Al día siguiente, los 30 participantes en la fakirada (recordémoslo, 500 km de recorrido offroad…) empezaron su particular aventura a las 6:30h, aún en noche cerrada. Nosotros le dimos algo más de tiempo al sol para calentar el frío ambiente, típico de Bassella (Lleida), con 3,5 °C cuando un poco antes de las 8 de la mañana empezamos a dar gas desde el Museu con nuestras CFMOTO 1000 MT-X, junto a casi 70 inscritos más en esta categoría. Es difícil saber hacia dónde vas realmente cuando te dejas guiar por un road book, pero sabíamos que nuestra rutaca se dividía en dos bucles de aproximadamente 150 km cada uno con inicio y final en el entrañable museo: uno denominado “The Desert” por una zona más seca y más alejada hacia el sur de Bassella, y el segundo, “The Forest”, más cercano al punto de salida, pero más enrevesado, transitando por las zonas más verdes de la comarca de l’Alt Urgell, la Noguera y el Solsonès.
No habíamos recorrido ni dos kilómetros desde la salida y, tras afrontar ya un tronco, varios barrizales en el lecho del río, senderos y obstáculos de todo tipo, tocó encarar una subida con pendiente lateral, con un profundo reguero en su lado y completamente cubierta de barro. Nuestras MT-X no eran el vehículo ideal para este obstáculo, desde luego, pero lo peor no eran ellas, sino sus neumáticos, completamente desaconsejados para este tipo de recorridos: los Pirelli Scorpion Rally STR que la CFMOTO monta de serie son fantásticos para el asfalto, pero, al contrario de lo que su aspecto con marcados tacos hace pensar, son nefastos para el offroad, consiguiendo tenernos todo el día con el corazón en un puño.

Y, sin embargo, pasamos
Esa es la magia… que, a pesar de todo, ¡acabamos pasando! No sin pegarle algún revolcón extra a nuestras CFMOTO, que de todas formas aguantaron sin titubeos el maltrato de toda la jornada. Eso sí, el ritmo era exasperante: en la primera hora y media de ruta habíamos cubierto 8 miserables kilómetros… Por suerte, y por buena voluntad de los organizadores, el ritmo de esos primeros kilómetros se aceleró mucho durante la mañana, alternando zonas mucho más rápidas en pistas en buen estado con algunas zonas más cerradas y algunos senderos en los que las 1000 MT-X, a pesar de su agilidad innata, parecían elefantes en cacharrerías. El clima también mejoró rápidamente, abriéndose un cielo claro y despejado que levantó los termómetros hasta bien pasados los 22 °C. Pocas veces atravesamos núcleos habitados, pero sobre las 11 de la mañana estábamos cruzando Vilanova de l’Aguda tras casi 60 km de ruta, un trayecto que, de haberlo realizado en línea recta y por asfalto, hubiera sido de menos de 20 km y nos hubiera tomado algo más de 20 minutos… Así es el ritmo cuando te lo pasas bien, ¡te permite disfrutar más tiempo de la diversión!
Como ya hemos dicho, el otro gran reto más allá de dominar la técnica de la conducción offroad (o por lo menos, defenderla, que dominar parece una palabra demasiado grande en nuestro caso), es navegar por las viñetas del road book. Algunas son claras y meridianas como el día de sol y sin nubes que estábamos gozando (menuda suerte con el clima, tras una semana de intensas lluvias), pero otras requieren muchas dotes de interpretación, cuando no varios intentos y errores. Lo habitual era tener que retroceder una o dos casillas en el libro de ruta, resetear la distancia parcial, reinterpretar la viñeta conflictiva (“¿Pero qué narices querrá decir?”) y volver a recorrer ese tramo en busca de la referencia indicada: un sendero que casi no se ve, un stop que “se mueve” de su sitio, un camino que no está tan limpio como podría parecer, 100 metros que se convierten en 300… Un road book de offroad es, por definición, más parecido a una gincana misteriosa que a una guía de ruta.

Desayuno por la tarde
Sobre las 13 h llegábamos a la bella población de Sanaüja, coincidiendo con “nuestro” kilómetro 100, aunque no coincidía para nada con el road book, puesto que, de tanta prueba y error, llevábamos más de un 25% del recorrido invertido en buscar referencias para seguir la ruta correcta. Tras enfilar hacia el sur de nuevo por algunas de las pistas más amables de la jornada, llegamos al esperado momento del desayuno… a la hora de la comida. Eran las 13:50 h cuando alcanzamos el Pitch&Putt bonÁrea de Massoteres, donde nos esperaba un generoso y nutrido bufet libre para recuperar fuerzas y, por fin, recolectar el primer sello del pasaporte.
Con los estómagos llenos y un imprescindible café para mantenernos despiertos, la Oktoberbook entraba en su zona más rápida, con un tramo de unos 30 km de carretera, cruzando Biosca en dirección a la preciosa villa de Lloberola, y después a Sant Climenç y Pinell de Solsonès por carreteras muy secundarias. Un descenso por una bella trialera entre árboles en la Rasa del Puit y la consiguiente remontada para volver a recuperar poco después la carretera a Madrona, nos llevó de nuevo a recorrer unos 12 km de carretera muy secundaria hasta alcanzar el cementerio de Bassella y descender por otra trialera atrevida y con un punto muy complicado por un árbol tumbado sobre el camino que prácticamente obligaba a bajarse de la moto y pasar a gatas para superarlo. ¡Espectacular! De ahí, un descenso vertiginoso por una trialera escarpada solo hábil para endureros de pro (y no recomendada para traileros de domingo como nosotros) nos obligó a buscarnos la alternativa para alcanzar por fin el Museu de la Moto, final del primer bucle de la ruta… ¡a las 15:45h de la tarde!
Secundus interruptus
Descansamos unos minutos, valoramos el tiempo y las horas de luz disponibles (no más de 2:30h) y decidimos iniciar el segundo bucle de la rutaca, conscientes de que cuando la luz solar empezara a escasear, sería cuestión de dejarlo por hoy para evitar que todo el disfrute que estábamos gozando trocara en desilusión y desatino. Así que con el desahogo que te da la libertad de escoger, iniciamos el segundo road book desandando una parte de la carretera de Madrona y pronto enfilando otro bonito sendero entre árboles para ganar la masia de Potrony, al este de Bassella, y seguir por una bella pista en el bosque hasta Gavernet. Allí, una viñeta del libro de ruta se nos atravesó bastante y no conseguíamos dar con la referencia de giro correcta.
Empezamos a verlo todo un poco torcido porque pasaba el rato, los intentos y los errores, y no dábamos con el destino marcado por la organización. Así que, llegados a este punto, decidimos ir a recuperar la carretera principal de Solsona a Bassella que avistábamos desde nuestra ubicación, eso sí, obligándonos a transitar por un camino por el que hacía años que nadie transitaba, lleno de ramas, maleza, piedras y regueros escondidos… ¡Eso sí fue un tramo campo a través! Finalmente, conseguimos llegar de nuevo a la civilización, tras lo cual acordamos con Gongar poner rumbo a Bassella definitivamente y dar la aventura por acabada, no sin un cierto sabor agridulce por no haber seguido por más tiempo dando gas, aunque con un cansancio reinante que nos recordaba que lo que ya habíamos vivido justificaba no jugársela más de lo necesario.
De vuelta al campamento base, allí empezaba la verdadera oktoberfest de la Oktoberbook: con las inmensas jarras de finishers en nuestras manos, entregándonos a la cata de cerveza por litros, devorando los pretzels con salchichas de Frankfurt nadando en un mar de mostaza y kétchup y apurando los costillares de cerdo cual buitres leonados, nos dimos allí cita los sacrificados moteros mientras íbamos viendo llegar al resto de participantes, en un goteo constante. Sobre las 19h llegaron los primeros faquires de la Fakirada, tras “apretarse” entre pecho y espalda los más de 500 km de su road book, una auténtica epopeya, teniendo en cuenta que a partir de esa hora la noche ya había caído sobre Catalunya. Los últimos acabaron llegando sobre las 2:30h de la madrugada. Eso sí es exigencia.
En definitiva, nos retiramos en el justo momento en el que el disfrute estaba dejando paso al desagrado para que nos quedaran todas las ganas intactas de repetir (y mejorar) experiencia en la próxima edición de la Oktoberbook. Aún no hay fechas para la edición 2027, pero desde luego los dorsales 76 y 77 buscarán resarcirse en el próximo mes de octubre de un logro que se les hizo esquivo. ¡Nos vemos en 11 meses y pico!




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